¿Qué papel tienen los animales en los cuentos?

Desde los cuentos más antiguos, la presencia de los animales ha sido recurrente. Las aventuras de estos personajes han sido en numerosas ocasiones un fiel reflejo de la de los humanos. Los animales a partir del siglo XIX pierden protagonismo, sin embargo, éstos se siguen conservando como elementos simbólicos sobre los que se proyectan valores, ideas y críticas, que están implícitas en el texto y que los animales simbolizan. Puede llegar a afirmarse que la clave para llegar a comprender el sentido auténtico de los relatos, está en comprender el papel de estos singulares personajes.

A continuación vamos a comentar el relato de Leopoldo Alas “Clarín”, «¡Adiós, Cordera!»

El autor nos sitúa en el prado Somonte, en Asturias. Como protagonistas encontramos a dos hermanos gemelos llamados Pinín y Rosa y un último muy peculiar, la vaca Cordera. El primero es un personaje valiente, mientras que Rosa es sentimental, soñadora, a la que le gusta crear e imaginarse historias. Ambos han cuidado y establecido un intenso vínculo a lo largo de los años con la Cordera, una vaca madura, tranquila, representada con un carácter reflexivo, de hecho es comparada con Horacio, a la que solo le interesa cuidar de sus hijos y vivir en un buen ambiente. Este estilo de vida tan sosegado se ve afectado por la llegada del ferrocarril.

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Monumento al relato en Oviedo, ciudad donde nació el autor.

Debemos destacar  el valor simbólico que adquieren, en el prado Somonte, el ferrocarril y el telégrafo. Se trata de los dos únicos elementos representativos, para los niños, y sorprendentemente también para la vaca, del mundo urbano y del progreso técnico, que contrastaba con su modo de vida rural y de campo. De hecho en el relato el telégrafo es presentado como el ancho mundo desconocido, misterioso, temible, eternamente ignorado. En un primer momento son admirados y contemplados con inocencia, pero no para todos los personajes, pues la vaca se abstenía de toda comunicación con el mundo civilizado, y miraba de lejos el palo del telégrafo como lo que era para ella efectivamente,  cosa muerta, inútil, que no le servía siquiera para rascarse.

Cuando termina la introducción del relato, de los tres personajes, de sus atributos y de la relación que los une, ya tenemos presentado perfectamente una situación amorosa que posteriormente se romperá. A partir de aquí empieza la trama del relato.

Ocurre entonces la muerte de la madre de los niños, que sucede mirando a la vaca, y les dice que a éstos que la cuiden, pues es su sustento. El padre de los muchachos, Antón de Chinta, debe vender el animal y enviarlo al matadero. Decide hacerlo cuando los niños estén dormidos para que éstos no sufran, pues era consciente del amor que le tenían. Más tarde, también Pinín es alejado de su familia para irse, junto con otros reclutas, a la guerra carlista. Los niños, desde entonces, miraban con rencor los trenes que pasaban, pues vieron como en uno de ellos se llevaban a Cordera al mundo de la civilización. De hecho, hay un momento en que se ve la crítica a los señores de la ciudad por Pinín. Hay un conflicto de clases sociales de corte y aldea. Podemos establecer paralelismos textuales entre la despedida de de Pinín y Cordera:

“Al día siguiente, muy temprano, a la hora de siempre, Pinín y Rosa fueron al prao Somonte. Aquella soledad no lo había sido nunca para ellos hasta aquel día. El Somonte sin la Cordera parecía el desierto. De repente silbó la máquina, apareció el humo, luego el tren.”

“Y una tarde triste de octubre, Rosa, en el prao Somonte sola, esperaba el paso del tren correo de Gijón, que le llevaba a sus únicos amores, su hermano. Silbó a lo lejos la máquina, apareció el tren en la trinchera, pasó como un relámpago.”


-¡Adiós, Cordera! -gritaba Rosa deshecha en llanto-. ¡Adiós, Cordera de mío alma!

-¡Adiós, Pinínl ¡Pinín de mío alma!…


“Y Rosa y Pinín miraban con rencor la vía, el telégrafo, los símbolos de aquel mundo enemigo, que les arrebataba, que les devoraba a su compañera de tantas soledades, de tantas ternuras silenciosas, para sus apetitos, para convertirla en manjares de ricos glotones…”

“Con qué odio miraba Rosa la vía manchada de carbones apagados; con qué ira los alambres del telégrafo.”

Tras esto, comienza la conclusión. Los niños han crecido, Pinín se hizo mozo, y en un momento dado, estos mozos son comparados con los animales que son obligados a ir al mundo urbano, al de la ciudad. Ambos sirven como abastecimiento humano y animal para los ricos. De hecho, el personaje femenino, Rosa, reflexiona y compara a su hermano con la vaca. La vaca representa la figura materna que representa la seguridad en el hogar. La cordera también cumple un antítesis en el relato.

Captura de pantalla 2016-03-31 a las 16.09.00

Texto “¡Adiós Cordera!”

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