«El pozo y el péndulo» de Edgar Allan Poe

No hay duda de que el terror psicológico caracteriza muchos de los relatos de este importante escritor estadounidense, pero el escalofriante texto que a continuación comentaremos, está lleno de descripciones minuciosas que además de miedo, crearán en el lector una sensación de angustia que permanecerá latente hasta el final. Se trata de “El pozo y el péndulo”.

Captura de pantalla 2016-03-26 a las 11.38.22Este espantoso relato nos narra la experiencia de un encarcelado condenado por la Inquisición. Escrito en primera persona, llama la atención las descripciones desde su comienzo, que nada bueno auguran: “sentía náuseas, náuseas de muerte después de tan larga agonía; y, cuando por fin me desataron y me permitieron sentarme, comprendí que mis sentidos me abandonaban” . El protagonista nos sumerge en una atmósfera asfixiante, consiguiendo que el lector empatice con él nada más empezar la la lectura.

El encarcelado será sometido a numerosas pruebas que intentarán acabar con su vida,   pero poco a poco conseguirá ir superándolas. Mientras tanto, nos describe el lugar y las desagradables e insalubres condiciones en las que se encuentra, en una celda que el protagonista no cesa en intentar estudiar, palpar y medir, equivocándose debido a su fatiga y las tinieblas del espacio. Este es el motivo por el que desmaya en varias ocasiones, al despertarse tras una de ella, se da cuenta de que se encuentra en el abismo de un pozo aparentemente profundo. Se siente afortunado de no haber caído en él, pero pronto cae en la cuenta de que es una de las múltiples trampas que le llevarán a su muerte. Aún así, los inquisidores quieren mantenerle con vida, proporcionándole pan y agua, para lo que él cree que será una muerte acompañada de sufrimientos morales atroces. No obstante, al despertar de otro de sus sueños sintió que estaba en una especie de bastidor de madera, que casi le impedía llegar a un plato de carne sumamente condimentada, intentando así provocar su sed imposible de saciar, pues el canto de agua había desaparecido.

Fue entonces cuando se percató de que había una extraña figura en el techo, se trataba de un péndulo. Pasada una hora, observó que éste había aumentado su velocidad y aparentemente estaba mucho más cerca de él, había descendido, anticipando su inminente muerte, lenta y dolorosa. Con un rayo de lucidez cae en la cuenta de que para ser liberado solo necesita cortar sus ligaduras que no estaban constituidas por cuerdas separadas. De modo que deposita los restos de carne que quedaban en el plato en sus ataduras, para que las ratas que salían del pozo pudieran roer la cuerda, al mismo tiempo que devoraban la carne.

Su plan da resultado y consigue escapar, aunque asume que le esperaba martirios peores que la misma muerte, pues había burlado dos veces los modos de tortura de la Inquisición. Las paredes de la cueva empiezan a estrecharse cada vez más y el preso siente que va a morir aplastado y abrasado por los muros de la celda, llenos de metal ardiente que se aproximan con gran rapidez. Desesperado, solo se le ocurre lanzarse al vacío del pozo. Sin embargo, justo antes de saltar, una mano agarra su brazo y consigue salvarle. Era la del general Lasalle, su salvación, los enemigos de la Inquisición se han hecho con el poder. Consigue, al fin, sobrevivir a esta institución.

Sin duda, el aspecto que más caracteriza a la obra es el dolor psicológico que siente el protagonista. Él sabe que va a morir, de hecho, en más de una ocasión recuerda los rumores que corren en su país sobre la Inquisición y es cuestión de minutos que su vida llegue a su fin de una forma horrible y dolorosa. Es ese sentimiento de angustia y desesperación el que inunda todo el relato y está presente en el protagonista hasta su inesperada salvación. Esta forma de crear terror y asustar tan característica de este autor es conocido como terror psicológico, ya que se basa en los sentimientos y los miedos internos del protagonista.

El autor nos relata absolutamente todas las torturas a la que es sometido, incluido el espacio, remitiendo a la desesperación del prisionero por no saber cuántas horas o días lleva encerrado y nos expresa con detalle su estado de ánimo en cada momento. Al mismo tiempo, este detalle se combina con un dominio del lenguaje digno de admirar, que da lugar a una especie de conexión con los pensamientos del preso, desde el principio en primera persona.

“Por primera vez en muchas horas -quizá días- me puse a pensar.”

“Pasaron días -puede ser que hayan pasado muchos días- antes de que oscilara tan cerca de mí que parecía abanicarme con su acre aliento.”

Poe nos presenta a un personaje desorientado, angustiado y abandonado que espera con temor la hora de su muerte. El personaje sufre una gran debilidad emocional, pero también física; apenas come, se desmaya y cae en un profundo sueño en numerosas ocasiones. Solo tiene un resquicio de esperanza casi al final del relato, cuando cae en la cuenta de que puede ser liberado de las mordazas fácilmente, aunque con un desagradable método en el que Poe no se deja detalle. El mismo protagonista se sorprende al tener un ápice de esperanza en la situación que está viviendo y llega hasta a ironizarla. Más que miedo a la muerte, lo que sufre es miedo a las técnicas que serán empleadas contra él.

“Era la esperanza la que hacía estremecer mis nervios y contraer mi cuerpo. Era la esperanza, esa esperanza que triunfa aún en el potro del suplicio, que susurra al oído de los condenados a muerte hasta en los calabozos de la Inquisición.”

Quizá el hecho de que produzca ese terror y angustia en el lector, es que todo lo presentado en este relato es real, no inventado, y todas estas torturas y muchas más fueron llevadas a cabo por esta cruel institución. El terror de este texto no se basa en fantasmas o demonios, sino en algo verídico que ocurrió durante siglos. Todo lo que ocurre en la obra ocurrió y podría ocurrir en la realidad. Realmente, el protagonista tiene temor a una cosa: a las personas, a los miembros de la Santa Inquisición, no a nada irreal.

“Pero al mismo tiempo pude ver… ¡aunque con qué terrible exageración! Vi los labios de los jueces togados de negro. Me parecieron blancos… más blancos que la hoja sobre la cual trazo estas palabras, y finos hasta lo grotesco; finos por la intensidad de su expresión de firmeza, de inmutable resolución, de absoluto desprecio hacia la tortura humana. Vi que los decretos de lo que para mí era el destino brotaban todavía de aquellos labios.”

En conclusión, no cabe duda que nos encontramos ante una de las obras maestras de este autor en cuanto a terror psicológico, suspense, angustia y desesperación, todas estas sensaciones acompañadas de un lenguaje y descripciones exquisitas, propias del que es reconocido como uno de los mejores maestros del relato corto. Poe nos demuestra que siempre debemos tener esperanza, y a veces la suerte nos sonríe, y entre tanto sufrimiento podemos encontrar la salvación y, lo más importante, por mano de otro ser humano.

Para leer el relato haz click aquí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s