Características del cuento español

Los cuentos españoles se caracterizan ante todo por su realismo. En esto no se diferencian en absoluto de la tradición cultural española y, específicamente, de la literaria. El empleo artístico del lenguaje del pueblo, por otra parte, es también natural en nuestra literatura y lo demuestra el puente que forman el Libro de buen amor, el Corbacho y La Celestina, primera obra que reúne clasicismo y modernidad. La cultura española puede denominarse con toda propiedad “anticlásica”; en cambio la atracción por el realismo en toda su crudeza impregna el arte y la literatura españoles. Los viajeros extranjeros lo hicieron notar; por ejemplo, Gautier, que destacaba, refiriéndose a los artistas españoles, «su robusto amor de la realidad, en el que se mezcla el más desenfrenado idealismo cristiano». Desde luego, ni el clasicismo ni el humanismo renacentista tuvieron mucho que hacer en nuestro muy católico país.

El afán de veracidad invade todos los cuentos, poniéndose incluso por delante de la imaginación. No es nada difícil ver la fuerte relación que mantienen éstos con la picaresca española, en estilo y temas, especialmente los de asunto costumbrista. Francisco Calvo Serraller, siempre refiriéndose al arte español, señala: «Naturalista, anticlásico y, en consecuencia, también antihumanista, el arte y la literatura españoles del Barroco […] no cabían en los esquemas críticos tradicionales y sólo era posible apreciarlos a la caída de éstos, con la revolución romántica que inauguraba la época contemporánea». Ésta es la razón que hace a muchos autores españoles del XIX volver sus ojos hacia el cuento popular.

También el ingenio es siempre más valorado que la reflexión; y, desde luego, los cuentos españoles responden decididamente a este planteamiento. Sea para conseguir a la princesa, para calmar el hambre o para engañar al ogro, el ingenio es siempre la máxima virtud. Destacable también es el uso reiterativo del milagro como solución a los problemas del personaje. Se percibe, sobre todo, en la forma en que reciben ayuda los héroes de los cuentos y también en la estructura y los finales. En todo cuento de encantamiento o maravilloso, el héroe es ayudado por alguien, tradicionalmente denominado donante, que es quien le entrega el o los objetos mágicos que le ayudarán a cumplir su tarea. Esta entrega suele ser gratuita, sin pedir nada a cambio, lo que siembra de arbitrariedades el camino del héroe. De nuevo tenemos la sensación de que el narrador, que es capaz de precisar detalles carentes de interés para el desarrollo de la narración, se inhibe de buscar cualquier justificación narrativa a la aparición de lo mágico, como si lo mágico se justificase por sí mismo, un poco al estilo que hoy en día tanto se lleva de las historias de los psicópatas, en las cuales, el guionista o narrador no se preocupa de justificar nada por considerar que, por el mero hecho de ser un psicópata, cualquier acto que cometa es admisible per se, cuando todo sabemos que, precisamente, sucede al contrario: que un enfermo mental está sujeto a una estructura de comportamiento perfectamente cerrada.

cenicienta

Ejemplo de donante en “La Cenicienta”

La tercera característica es una consecuencia de lo anterior. Se trata de la brusquedad de los finales, que no parecen querer recoger el cuento sino, al contrario, desprenderse de él. Por último, los cuentos tienen con su marcada tendencia realista, un aire, digamos, campechano, en relación con los relatos europeos. Los personajes se tratan con mucha familiaridad; un pastor, por ejemplo, puede tratar de tú a tú con un rey o una princesa sin que nadie se altere ni se rompan normas diferenciales de estado. En esa campechanía hay, además, frecuentes referencias escatológicas, que son celebradas por igual por personajes de alto rango o de baja condición. Los palacios o mansiones no acaban de ser maravillosos o deslumbrantes y tampoco hay mucha intención de describirlos con detalle, lo que choca con otros detalles que sí se tienen en cuenta (por ejemplo: da lo mismo, como se señalaba antes, la no justificación de la concesión de objetos mágicos pero, en cambio, los héroes hacen muy a menudo el correspondiente alto para comer).

vinilo-infantil-colorin-colorado-6299

Los cuentos españoles no solo resultan, al menos selectivamente, muy amenos y entretenidos sino que, como se verá, coinciden en muchos casos con los cuentos procedentes de otros países. Existen unos tipos de cuentos que se dan en todas las culturas porque, evidentemente, tienen un tronco común, pero, además de eso, estos cuentos son por tradición orales y, por lo tanto, han paseado sus argumentos por medio mundo y, como semillas, han crecido aquí y allá con versiones y variantes acondicionadas al terreno en el que prendían.

En definitiva, los cuentos populares nos remiten siempre a nuestro lugar de procedencia y, siendo muchos de ellos semejantes en cuanto al origen, su riqueza y variedad provienen de los muchos lugares en los que estas historias se han asentado y responden a la sociedad que las hizo suyas.

Bibliografía: Cuentos populares españoles I, Edición de José María Guelbenzu. Círculo de Lectores.

Anuncios

El tema de las mujeres y el amor en los cuentos

En la entrada de hoy inventaré seis anuncios sobre las seis protagonistas femeninas de los cuentos del bloque “Las mujeres y el amor”. En ellos expondré los requisitos que necesita un hombre o mujer para que pueda ser considerado su “pareja perfecta”, y describiré los gustos e intereses de las protagonistas según las pistas que el autor haya dejado en el relato.

“El pequeño señor Friedemann” – Thomas Mann

Hola, soy la señora Friedemann. Soy viuda, tengo 45 años, un hijo y tres hijas, que son los pilares de mi vida. Hace ya unos años que murió mi ex marido por lo que estaría encantada conocer a alguien especial. Este hombre debe respetar el profundo amor que tengo hacia mis hijos, sobre todo hacia Johannes, mi hijo enfermo de dieciséis años. ¡Escribidme!

¡Hola! Soy Gerda Von Rinnlingen, tengo 24 años. Me considero una chica natural y aventurera, aunque con un difícil carácter. Soy amante de los caballos y el teatro, y nada presumida. Estoy divorciada de un hombre de cuarenta años, con el que llevaba cuatro años casada, del que no tengo muy buen recuerdo. Me gusta llevar las riendas en una relación, pero me aburren los chicos que se dejan manejar. Me encantaría encontrar a un hombre bien posicionado como lo era mi ex marido, coronel. ¡Hasta pronto! Gerda.

“Desde ahora te acompañaré a casa” – Kjell Askildsen

¡Hola! Me llamo Laura, aunque mis amigas del instituto suelen llamarme Lau. Tengo dieciocho años y acabo de terminar segundo de bachillerato. Os preguntaréis cómo una estudiante tan joven puede estar buscando el amor en un portal de citas como este, pues bien, el motivo es porque creo que soy mucho más madura y experimentada que casi todos los chicos de mi entorno y me encantaría conocer gente con más alto nivel intelectual. Admiro a los chicos cultos a los que les guste leer y sobre todo escribir. Puedo parecer una persona atrevida pero ante todo soy romántica, y busco una pareja con la que congeniar en ese aspecto. Ahora mismo tengo muchas ganas de empezar algo serio tras algunas malas experiencias, ¡no dudéis en escribirme!

“Basta” – Beckett

Hola. Me llamo Aurora, tengo 30 años y acabo de salir de una relación muy complicada. He tenido una única relación en mi vida y el papel que empleaba en ella era el de una mujer sumisa. En todo momento tenía que estar pendiente de mi pareja tanto física como emocionalmente, por lo que busco un hombre independiente y con sentido del humor, que a día de hoy parece que lo he perdido. Aún así, me considero una mujer fuerte y luchadora que no duda en estar en los malos momentos de los suyos. Necesito un hombre que me respete y que me de libertad, que sea activo y resuelto, con el que poder hacer mil planes juntos. Creo que estoy en el momento idóneo para empezar una nueva relación con las ideas mucho más claras y con energías renovadas. Un saludo, Aurora.

“La indiferencia de Eva” – Soledad Puértolas

Hola. Soy Eva, periodista. No soy dada a decir mi edad, así que por ahora será un enigma que solo desvelará quien muestre verdadero interés por mí. Soy seria y responsable con mi trabajo, no cedo a nada a la primera de cambio y soy constante y combativa. El único defecto que creo tener es que soy inestable emocionalmente, y sufro cambios de humor frecuentemente, por lo que necesito un hombre o mujer (me enamoro de las personalidad, no me interesa el físico) que me aporte estabilidad y sobre todo que se adapte a cada tipo de situación, como yo lo hago. Odio lo establecido, me encantaría encontrar a alguien que se salte las reglas y me ofrezca algo diferente a lo demás. Me considero una persona con éxito en el ámbito laboral y ahora mi objetivo es tenerlo también en el sentimental. Os espero, Eva.

“Amor” – Elvira Navarro

¡Hola, soy Clara! ¿Qué tal? Tengo 14 años y estoy en segundo de la ESO. He decidido inscribirme en esta página porque los chicos y chicas de mi edad no suelen entender mi comportamiento y mis gustos. Soy independiente y algo solitaria, aunque no por ello soy poco sociable, al contrario, pero necesito sentirme respetada y sobre todo a un chico que no me presione, pues por esta misma razón empecé a salir con mi anterior novio, por no sentirme diferente al resto de las chicas de mi edad. A pesar de sentirme tan libre, adoro la sensación de sentirme deseada y que alguien insista en ir detrás de mí. Os animo a que me conozcáis porque no os vais a arrepentir. Besos, Clara.

“Sesi” – Irene Jiménez

Me llamo Sesi, tengo 30 años y aunque en estos momentos estoy muy centrada en encontrar un nuevo trabajo, no me importaría empezar a compartir mis éxitos profesionales con otra persona. En los últimos años he conocido a algunos hombres, pero ninguno ha dejado tanta huella en mí como mi pareja de hace seis años. Mi padre ha fallecido hace poco, por lo que necesito un hombre responsable y maduro, y aunque no busco que le sustituya, porque es imposible, me gustaría que desempeñase en mi vida el papel que debería haber hecho él, que me anime y me motive, debido a mi poca autoestima. Vivo el día a día y no tengo planes de futuro, porque pienso que de un momento a otro la vida puede estropeártelos. Llamadme, estaré encantada de conoceros. Sesi.

Cómic de «La mosca»

¡Hola! El post de hoy será algo diferente, realizaré un pequeño cómic del cuento de Katherine Mansfield, “La mosca“.

Viñeta 1: [En el dibujo: Aparece el señor Woodfield recostado en un gran butacón de cuero, fumándose un puro con actitud de indiferencia, observando con atención todo a su alrededor. El jefe le mira pensando cómo un hombre que ha visto y vivido tanto podía mostrar una actitud tan satisfecha con la visión de un simple despacho y una butaca cómoda] Woodifield afirma con admiración: “Se está cómodo aquí, ¡palabra que sí!”. El jefe responde sin  siquiera mirarle, como acostumbrado a escuchar siempre lo mismo: “Sí, es bastante cómodo, lo he renovado hace poco.” [En el fondo le hacía sentir bien sentirse admirado por algo tan ordinario para él como lo material, que apenas merecía esfuerzo para él]

Viñeta 2: [En el dibujo: Aparece una fotografía que había sobre la mesa. En ella, un muchacho con semblante serio y uniforme mira fijamente a la cámara. El anciano se da cuenta del asombroso parecido con el hombre que tiene enfrente, y este hecho le produce una sensación incómoda, pues parece recordar entonces el parentesco que une a ambos]

Viñeta 3: [En el dibujo: Woodfield con la mano sobre la barbilla en actitud pensativa] Woodfield dice: “Tenía algo que decirle… Lo tenía en la cabeza esta mañana cuando salí de casa… Debe ser la edad, ¡que ya pasa factura!”. [Aparece ahora algo contrariado, pues quizá aún no se acostumbra a esos olvidos tan oportunos] El jefe lo mira con compasión mientras menea la cabeza y piensa: “Pobre hombre, está ya en las últimas…”

Viñeta 4: [En el dibujo: Woodfield mira con deseo el vaso de whisky que le había sacado el jefe del armario] Con voz dudosa susurra: “No debería…De hecho mi mujer me lo ha prohibido, pero…” El jefe dice, con un tono prepotente: ¿Acaso se encuentra su mujer aquí? ¡Disfrutemos de este maravilloso Cardhu!” [en la misma viñeta, aparece Woodfield apurando su vaso. De repente, sus órbitas se abren como platos] El viejo exclama: “¡Ahora ya recuerdo! Mis hijas estuvieron la semana pasada en Bélgica, pasaron por el cementerio y quedaron impresionadas con lo cuidada que está la tumba de su hijo.”

Viñeta 5: Se produce un cambio en la actitud del jefe a partir de esta escena. [En el dibujo: Aparece únicamente el jefe con los ojos vidriosos, conmocionado al haber recordado a su hijo.] El jefe susurró con voz queda: “Sí, tiene razón… Era una persona maravillosa, créame que sí…” [El viejo no contesta, quizá no es consciente de lo que acaba de provocar en el hombre, quizá porque acaba de olvidar esta escena que ha sucedido hace unos minutos] El jefe, al que esta conversación le ha hecho recordar lo que ya creía superado, decide que esta visita debe concluir, por el bien de los dos, y sobre todo, por evitar así que el viejo, sin quererlo, le abra más heridas. El hombre conmocionado, intentando ser amable le dice a Woodfield que tiene muchas cosas que hacer, “ya sabe cómo es esto de los negocios…” El viejo responde: “¡Por supuesto! Cómo sois los jóvenes, ¡siempre ocupados! [Mientras dice esto se levanta y se dirige hacia la puerta] si yo le contase cómo de ocupados estábamos los chavales de antes con su edad… ¡Bueno, bueno! Ya le dejo, ¡adiós!” [El jefe no contesta y cierra la puerta, quedándose con la frente un rato apoyada en ella, aliviado, como si se acabase de quitar un problema de encima.]

Viñeta 6: [En el dibujo aparece el jefe con las manos sobre la cara. El viejo había hecho recordar como un fogonazo todos los momentos vividos con su pequeño, desde su niñez hasta su partida, esa que no debería haber hecho nunca y que fue él mismo quien le animó pensando que estaba invirtiendo en su futuro] Entre lágrimas se dice a sí mismo: “Era mi único hijo, sin él ya no tengo una razón por la que seguir sacrificándome en esta empresa, si ya no va a ocupar este sillón… Hacía ya seis años de su muerte, ¡qué rápido pasa el tiempo! Desde el día que te fuiste no encuentro una motivación para seguir invirtiendo horas en estas cuatro paredes, intento hacerme el fuerte pero no hay día que algo o alguien no me recuerde a ti…” [Dice todo esto con la foto entre las manos, pasando el dedo índice por la cara de su hijo en el retrato, dedicándole estas palabras a él]

Viñeta 7: Algo llama la atención del jefe en ese momento e interrumpe su monólogo. Enfadado exclama: ¡Joder, una mosca! No sé cuántas veces tengo que repetir que han de ponerse mosquiteras en las ventanas de este edificio. [Justo cuando estaba a punto de pagar su rabia con la inocente secretaria marcando el número de ésta, cesa el molesto zumbido de la mosca, y el jefe busca el lugar donde ésta ha debido posarse. Tras una corta inspección sin encontrar el lugar de descanso del insecto, agacha la cabeza y la encuentra allí, en el tintero que tenía en el escritorio. Intenta salir de él, moviendo sus alas] El jefe dice en voz alta: “No sé qué hacer contigo, hoy no es un buen día para mí…” [Se queda pensativo un rato, como retornando a la realidad, acordándose de que hace un rato estaba hablando con el marco de una foto y ahora con una mosca] “Sin duda, no es un buen día.” [Sigue mirando como el insecto lucha por sobrevivir] El jefe susurra: Hoy estás de suerte y voy a ayudarte a salir, parece que escucho cómo me pides socorro.” [Deposita la mosca en un pedazo de papel mediante una pluma].

Viñeta 8: [En el dibujo: el jefe aparece mirando a la extenuada mosca, que intentaba sobrevivir] El hombre tuvo una idea, y con actitud segura dijo: “Es hora de comprobar cómo intentas sobrevivir” [En la misma viñeta el hombre vuelve a hundir la pluma en el tintero y deja caer una enorme gota sobre el insecto] Dijo emocionado: “Veamos como intentas escapar de ésta…”

Viñeta 9: [En el dibujo aparece la mosca intentando batir sus alas y sobrevivir a las pruebas que aquel hombre le imponía] El jefe dijo: “Ah, con que eres un diablillo valiente…” En ese momento, se acordó entonces de su hijo, pensando si quizá el también lucharía así en los últimas horas de su vida en el hospital, tras el accidente… [Sumido en sus pensamientos y quizá sin darse cuenta de sus movimientos repitió la operación]

Viñeta 10: [En el dibujo aparece la mosca sin moverse y al lado, la cara de horror del jefe, que sólo en ese momento se percató de que había estado jugando con el insecto hasta provocar su muerte] El hombre exclamó, “¡vamos, muévete!” La mosca había muerto. [El jefe aparece ahora arrojando la mosca a la papelera.]

Viñeta 11: [El hombre emocionado en el dibujo, gritando a su secretaria] “Macey, ¡tráigame un secante limpio, deprisa!” [Apunto de llorar, tal vez imaginando a su hijo se sacó un pañuelo del bolsillo] Pensando: “No puedo recordar en qué había estado pensando antes, aunque me fuera la vida en ello me podría acordar…”

mafalda-libro-buen-amigo

El tema de la obsesión en los cuentos

jon-bilbao-2

Jon Bilbao

El post de hoy será acerca del tema de la obsesión en los cuentos, en concreto analizaremos «Los espías» de Jon Bilbao. Éste pertenece a la obra Bajo el influjo del cometa, último libro de relatos de este autor. Esta formado por ocho cuentos que ahondan en la psicología de sus personajes en escenarios cotidianos, haciendo sembrar la incertidumbre en la mente del lector, pues logra sacar a la luz el lado oscuro de todo ser humano cuando suceden pequeños cambios que alteran su normalidad y rutina.

El relato plantea una situación cotidiana, un matrimonio que descubre una costumbre algo inusual pero nada alarmante en sus nuevos vecinos: cada noche, excepto los domingos, leen la Biblia en familia, formando un círculo. Esta costumbre es la primera que llama la atención de la protagonista del relato, de la que desconocemos su nombre pero conforme avancemos, sabremos que, junto con su marido, lleva una vida infeliz y sentimentalmente muerta, lo que le mueve a despertar la curiosidad de su esposo sobre los nuevos inquilinos que iban a hospedarse ese verano en el vecindario. Desde este momento, comenzarán una vigilancia exagerada, llegando incluso a cambiar su rutina y dependiendo por completo de las decisiones de los nuevos habitantes.

Los personajes de este relato pueden llegar a despertar simpatías en el lector e incluso una empatía palpable, pero pronto descubriremos en ellos cualidades que nos hacen sentir repulsión e incluso vergüenza, pero que sorprendentemente hemos descubierto alguna vez en nosotros mismos, ¿quién no ha sentido nunca curiosidad por un nuevo vecino o por qué estará haciendo en un determinado momento? Sin embargo, la obsesión de los protagonistas avanza tan rápido y sobre todo a límites tan deshonestos que pronto dejamos de sentirnos identificados con ellos. No obstante, el matrimonio espía son un reflejo algo distorsionado de nosotros mismos;  sus debilidades también se muestran con una agudeza sutil y profunda. Pues, en mi opinión, llegan a esta situación por su rutinaria vida y su aburrido matrimonio.

A continuación responderé a una serie de preguntas y formularé alguna más según deducciones por los datos que nos ofrece el relato o bien por invención:

  1. ¿Cómo son “los espías” del relato, qué tipo de personas son, qué vida llevan, qué relación mantienen?

Se trata de un matrimonio sin hijos, sin aficiones, con una vida sedentaria, aburrida y que lleva su relación sentimental de manera parecida a su vida. Tanto es así, que algo tan insignificante como el hecho de que su vecina alquile la casa en verano a un matrimonio con dos hijos que no lo ha hecho en ninguna ocasión anterior, hace que hasta sus propias costumbres cambien, y su vida gire en torno a ellos, llegando a instalar un “centro de espionaje” en dos lugares diferentes de la casa.

      2. ¿Qué les mueve a su “espionaje”?

En mi opinión, el motivo es su forma de vida, comentada en la pregunta anterior. Pero, sin duda, esta nueva misión es motivada por la mujer del matrimonio, pues fue quién avisó a su marido de esta “extraña” costumbre diaria de sus vecinos, y él, sin interés, asiente cuando su mujer le propone espiarlos mañana. No obstante, pronto el hombre, se meterá de lleno en esta “interesante” investigación incluso de una manera más peligrosa e indecente que su mujer, hasta el punto de colarse en la vivienda de los vecinos o perseguir a la niña del matrimonio.

“Podemos verlos mañana, sugirió la mujer cuando volvió al salón. Cenan temprano y después se reúnen para leer. Él asintió sin interés. El postre permanecía sin terminar en un plato sobre su regazo.”

     3. ¿Por qué razón se hallan tan fascinados por sus vecinos?

El hecho de que ocurra algo diferente en sus vidas, como que vengan unos nuevos inquilinos al vecindario, les perturba y les lleva a obsesionarse con ellos. El motivo, que para mí no es más que una excusa, es que se reúnan al atardecer a leer todos juntos la Biblia, y que los niños, con dieciséis años escuchen con atención las palabras de su padre. En mi opinión, lo que realmente les lleva a esta situación es observar una escena que ellos jamás han vivido, y el hecho de ver una complicidad y gestos de cariño en aquel matrimonio, era realmente lo que les trastornaba, pues en su matrimonio no quedaba ni un resquicio de eso. Bajo mi punto de vista, la obsesión comienza porque quieren sentirse también parte de esa familia, y necesitan encontrar el punto débil de este matrimonio, para reconfortarse así, y comprender que no son los únicos que tienen una existencia  aburrida y vacía.

“En un par de ocasiones los hijos rieron, divertidos por algo que decía el texto, mientras el matrimonio, más comedido, intercambiaba una sonrisa antes de que él prosiguiera.”

“Más tarde, en la cama, el hombre y la mujer hablaron de lo que habían visto. Se preguntaron quiénes serían aquellas personas. Bromearon acerca de su poco habitual costumbre y, cada vez más interesados, acordaron averiguar más sobre ellos. Después se durmieron abrazados. Hacía tiempo que esto no sucedía.”

No debemos dejar pasar este dato. El único tema de conversación se centra en esta investigación, llegan a bromear y reírse ello, creando una agradable atmósfera entre ellos, algo que no sucedía normalmente, como vemos al principio del relato. Es decir, lo único que tienen en común ahora el matrimonio, lo que le hace bromear, divertirse, charlar e incluso dormir abrazados no tiene que ver con ellos, ni con su vida, sino que para que esto suceda, han tenido que espiar a unos desconocidos.

4. ¿Cómo cambian sus existencias desde la llegada de esta familia al barrio?

Comienzan una rutina dedicada por y para vigilar a los vecinos, aunque pronto entablan una “amistad” con ellos, por supuesto propiciada por el hombre espiador, que se acerca al desconocido presentándose e invitándole a tomar una copa esa misma noche. Estas salidas comenzaron a ser frecuentes, viéndose casi a diario, aún así, el nuevo matrimonio nunca les habló de su interés por la religión ni tampoco el matrimonio espía les reveló que eran conscientes de esta costumbre y que gracias a ella conseguían tener algo qué hacer.

“Había un momento de la semana en el que, en especial, se sentían excluidos de la vida de sus vecinos: los domingos por la mañana, cuando estos iban a misa. En tales ocasiones el hombre y la mujer se quedaban hasta tarde en la cama y mataban el tiempo como buenamente podían.”

5. ¿Hasta qué niveles son capaces de llegar en su obsesión?

La primera vez que este interés llega a ser preocupante en el matrimonio ocurre cuando el marido decide que tiene que espiarlos más cerca, y movido por una fuerza incontrolable, llega incluso a colarse en el jardín del matrimonio. Sin embargo, es visto por el pequeño varón de la familia, que se encontraba en el salón. La mujer del espía, asustada, decide intervenir para despistar a la familia, provocando esta escena nerviosismo en el lector, pues no se revela dónde se encuentra escondido el hombre hasta el final del día. Éste llegó cuando anocheció, explicándole a su mujer que había estado escondido en la antigua caseta del perro de la propietaria de la casa, olvidando que era alérgico al pelo de perro y  sintiendo pronto las consecuencias. Sorprendentemente, la mujer no reacciona ante esta situación, ni siquiera al ver el lamentable aspecto de su marido, como esperaría el lector. No vemos ninguna muestra de arrepentimiento en estos personajes, ni siquiera llegan a plantearse que el espionaje se les está yendo de las manos, al contrario, el hombre del matrimonio felicita a su mujer por el trabajo hecho al despistar al matrimonio.

“Lo has hecho bien cuando has salido a hablar con ellos para distraerlos. Si no, seguro que me habrían encontrado. […] Ha estado muy bien. Como si hubieras nacido para ello.”

Otro hecho que evidencia que la vigilancia a los vecinos empezaba a ser obsesiva es que el hombre “detective” llega a plantearse comprar una Biblia a imitación de sus vecinos, aunque pronto desechó la idea.

“Un día, mientras curioseaba en una librería, el hombre se encontró por casualidad frente a un estante repleto de Biblias. Tomó una con la vaga intención de comprarla. El finísimo papel y el modo como se arrugaba cuando intentaba pasar las páginas le desagradaron de inmediato.”

Llegaron incluso a comprarse unos prismáticos para poder espiarlos mejor. Pero, sin duda, su trastorno obsesivo es completamente evidente cuando el hombre del matrimonio espía llega a seguir a la hija de los vecinos, en un supermercado, e incluso en las salidas de la chica con sus amigas, espiando las relaciones sexuales de ésta.

“Tras asistir a distancia a la sesión de lecturas de la Biblia, el hombre dijo que le apetecía salir a estirar las piernas. La mujer respondió que prefería quedarse, y él se alegró. El hombre recorrió el paseo que bordeaba la playa. Sabía qué zona les gustaba a la chica y sus amigos. Identificó el grupo y tomó asiento en un banco.”

6. ¿Qué esperan obtener a cambio de este constante “espionaje”? 

En ningún momento del relato aparece explícito el motivo de esta obsesión, pero en mi opinión, creo que vieron en estos vecinos una vía de escape para salir de su aburrida rutina, buscaban ser apreciados por ellos, formar parte de la unidad familiar y en mi opinión, encontrar algún fallo en esa familia tan estructurada, para sentirse reconfortados con su aburrida vida.

7. ¿Por qué crees que huyen, finalmente, los vecinos?

Creo que comienzan a sospechar de la obsesión del matrimonio, pues la hija llega a ver al vecino en el supermercado y aquella noche de verano, el pequeño de la familia ha tomado la misma costumbre que el matrimonio, lo que no creo que sea casualidad.

“La lluvia caía recta, como plomo líquido. La casa de los vecinos estaba a oscuras, pero en la ventana del salón vislumbró una silueta. Permanecía inmóvil y parecía escudriñar la calle, la casa de enfrente, la del hombre y la mujer.”

8. El final del relato es abierto, pero, ¿qué desenlace imaginas para esta pareja de obsesionados?

Se muestran totalmente convencidos de que tienen datos suficientes como para encontrar al matrimonio que ha huido, por lo que creo que llevarán a cabo su investigación con éxito, encontrando a la familia. Se instalarán cerca de ellos en la misma ciudad con cualquier excusa, pues tampoco les ataba nada a su residencia anterior, y continuarían vigilándoles llegando a situaciones límite, como hacían en el verano en el que se nos narra el relato. Finalmente, el matrimonio terminaría denunciándoles y romperían su amistad. Los espías acabarían dejando esta obsesiva costumbre y volverían a su indiferente vida.

bilbao

Bibliografía: http://www.saltodepagina.com/critica/bajo_el_influjo_del_cometa-25/

http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/2013/05/bajo-el-influjo-del-cometa-de-jon-bilbao.html

Cuentos sufíes para pensar

¡Hola chicos!

He encontrado un libro por casa que me encantaría compartir con vosotros, se llama Cuentos sufíes para pensar de Idries Shah, con un prólogo interesantísimo de Jorge Bucay, autor de libros como Cuentos para pensar. 

Os dejo aquí un fragmento de este escrito para que sepáis qué son estos cuentos y qué pretenden:

Dicen los sufíes que el proceso de aprendizaje se asemeja a la costura con hilo y aguja. Este libro es una aguja. El hilo eres tú. ¿De qué servirían todas las agujas del mundo si no existieran los hilos que cosen el conocimiento, el desarrollo y la sabiduría? ¿De qué servirían cientos de miles de maestros y de libros y de imágenes si no existieran aquellos dispuestos a transformar un dato, una palabra o una idea en acciones, pensamientos y emociones capaces de cambiar el mundo interior y el entorno? Una aguja sin hilo sólo puede hacer agujeros. Porque el ganchillo empuja pero no hilvana. La punta marca el camino pero no lo sujeta, señala pero no alcanza.

El cuento es una fuente de inspiración y de enseñanza tan viejo como la historia de la humanidad. Antes aún de la escritura, se contaban cuentos. Muy posiblemente, cuando el lenguaje no era suficiente para narrar un hecho, se pintaron historias en las paredes de las cuevas donde habitaban nuestros antecesores.

De esta manera, hombres y mujeres transmitieron conocimientos, técnicas, conductas y experiencias a las generaciones que los seguían, que más tarde comprendieron que debían, a su vez, conservar esa transmisión oral o gráfica como un tesoro que enriquecerían con sus nuevos relatos o con el imaginario creativo de algún primitivo narrador o poeta.

Relatos que, al circular, llevan consigo el compendio de sabiduría popular, el arquetipo que muestra la historia, la cultura, los valores y las costumbres de la gente, el instrumento de cohesión social que desde los comienzos del tiempo sirve para entretener, instruir y expresar lo que Jung denominaba el “inconsciente colectivo”. Las historias que relacionan el pasado con el presente y que proyectan el presente en el futuro común.

Todos los cuentos sufíes pueden ser utilizados para varios fines que yo agrupo en estos ocho ítems de creciente importancia.

  1. Crear imágenes cargadas de emoción en la mente de los oyentes para que una determinada información se sitúe por debajo del nivel consciente del conocimiento racional y favorecer asociaciones que permitan que esos datos aprendidos se recuerden fácilmente.
  2. Fortalecer la creatividad desplazando la actividad cerebral de las ondas de procesamiento intelectivo a las de entonación diurna para transformar lo abstracto en concreto.
  3. Demostrar que un determinado problema no es novedoso ni excepcional.
  4. Suscitar la curiosidad, incluir los puntos de vista y la sabiduría de otras culturas y demostrar que cada persona interpreta la información de forma diferente de acuerdo con su propia experiencia.
  5. Abrir un interrogante y reformular un problema presentándolo como una nueva oportunidad; enseñar a analizar la conducta desde una perspectiva diferente.
  6. Cuestionar una conducta inaceptable, propia o ajena; y demostrar lo inadecuado del razonamiento lógico formal excluyente.
  7. Alentar a implicarse por entero y a intervenir comprometidamente para modificar un paradigma.
  8. Por último, sentir el goce de leerlos y compartirlos; porque contar historias es un arte al alcance de todo el mundo, y disfrutar al escucharlas un placer universal, relacionado con nuestra parte más pura y fresca, la del niño que alguna vez fuimos y vive todavía en nosotros.

    foto2

    Jorge Bucay

Idries Shah permite comprobar una vez más esa cualidad esencial de los cuentos sufíes: la de ser capaces de acompañar nuestras transiciones acostando distancias entre nuestras vivencias y nuestras teorías; una forma de ver y de entender el mundo desde una luz nueva, desde un ángulo diferente.

La magia de estos cuentos habita en tu coraje de escuchar el eco que resonará en tu interior después de leer cada historia, aparentemente ajena y distante. En lo personal, como terapeuta, como comunicador, como buscador y como docente, me alegra tener entre mis manos esta nueva colección de historias de Idries Shah. Sean estas pocas palabras tomadas como la mínima expresión de mi gratitud.

Jorge Bucay. Buenos Aires, julio de 2004.

-Nasturdín-le preguntó el vecino-, ¿quién es más inteligente el camello o el hombre?                              -El camello-contestó el mulá-, porque lleva cargas pesadas sin quejarse, pero nunca pide una carga adicional. El hombre, por el contrario, atestado de responsabilidades, siempre quiere aumentar sus cargas.


Un día de invierno, el juez encontró a Nasrudín en el mercado.                                                                              -Extraordinario- dijo pensativamente-: llevo el más cálido de mis mantos forrado de piel y sin embargo estoy helado por el viento. Mientras que tú, vestido con harapos, no pareces sentir el frío. ¿Cómo es posible?                                                                                                                                                                        -Un hombre que lleva encima toda su ropa no se puede permitir tener frío-contestó Nasrudín.

Bibliografía: Cuentos sufíes para pensar, Idries Shah, RBA.

Para saber más sobre el autor…

Puedes leer algunos cuentos sufíes aquí

La moralidad en los cuentos

Desde tiempos inmemoriales ciertos cuentos se han utilizado para hacer proselitismo de determinadas formas de ser, comportarse o pensar. Se denominan cuentos moralizadores. Las fábulas de Esopo suelen calificarse como tales. Basta con pensar en la fábula de Esopo en la que un enorme cuervo negro escudriña el interior de una jarra de reluciente cristal repleta de uvas enormes y jugosas. Mete el pico por la boca de la jarra, tratando de atrapar con él todas las que puede, pero al tener el pico rebosante de uvas, y por tanto abierto de par en par, es incapaz de sacarlo de la jarra. Así tiene que conformarse con menos uvas, porque de lo contrario no podrá saborear el delicioso manjar y se quedará para siempre con su pico lleno de uvas dentro del recipiente.

El cuento indica que, si tratamos de llevarnos todo lo que vemos o imaginamos, quizá no podremos disfrutar ni de una parte de ello. La idea ancestral de que la pasión y el apetito voraz pueden tender una trampa al alma de las maneras más venenosas, enfatiza que la codicia es la ausencia de un juicio correcto de lo que consideramos necesidad.

Cualquier cuento puede interpretarse de forma básica o articulada, en función de la dotes artísticas del cuentacuentos/intérprete. Una manera básica de interpretar la fábula del cuervo de Esopo podría ser: “No está bien tratar de abarcar más de lo que realmente podemos, por tanto es un comportamiento negativo”. En realidad, un niño puede entender una interpretación moralizante más articulada. Los niños son capaces de comprender los cuentos como historias instructivas, como ejemplos de éxito y/o fracaso por seguir los dictados de su corazón.

En muchos cuentos, como en Las Crónicas de Narnia (una serie de C.S Lewis en la que el protagonista es el pequeño Eustace), nos encontramos con niños que, por culpa de su bondad, sufren menosprecio y humillación, y que precisamente por culpa de esto jamás aprendieron lo que era la bondad. Solo han aprendido lo que es el miedo. Jamás desarrollaron ni expandieron la bondad que llevaban en su interior. Viven con temor a ser tildados de “no buenos”, o con miedo a que los demás “descubran” que tienen algún tipo de defecto profundo. Y esto no es lo mismo que luchar por ser bondadoso. En los cuentos antiguos la bondad, en toda su extensión, la empatía, la justicia, la prudencia, la moderación, el valor ante situaciones límite se manifiestan estos rasgos de una forma u otra.

Es bueno hacer una interpretación moral de los cuentos de hadas y fábulas. Pero las interpretaciones básicas y humillantes que plantean una amenaza al oyente, más que invitar al alma a mirar más allá, o cuya intención es hacer pasar vergüenza en vez de educar, no parecen tener un uso muy sabio de estos cuentos tan antiguos que han sobrevivido tantísimos contratiempos a lo largo de la historia de la humanidad.

Captura de pantalla 2016-04-06 a las 17.40.30

Bibliografía: Cuentos populares españoles, José María Guelbenzu

El papel de los niños en los cuentos

Es inevitable relacionar a los cuentos con los niños, por ello, muchos de éstos están protagonizados por los más pequeños: «Caperucita Roja», «Peter Pan», «Pulgarcito»… El niño siempre representa la inocencia y la pureza en el relato. A su vez, adquieren una dimensión de denuncia y condena social, es decir, tiene una vertiente crítica.

El post de hoy será diferente, puesto que a partir de un cuento que tenga de protagonista a un personaje infantil, crearé su vida adulta, que no aparece en el relato, pero me ajustaré a él justificando todas mis decisiones con las pistas que nos ha dejado el autor acerca de su carácter. El primer cuento que analizaremos es «Bárbara contra la muerte» de Almudena Grandes.

Almudena

Almudena Grandes

El éxito de esta autora es indiscutible, licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense, se dio a conocer en 1989 con Las edades de Lulú y desde entonces no ha dejado de escribir. Varias de sus obras han sido llevadas al cine y al teatro, y han merecido, entre otros, el Premio de la Fundación Lara o el Premio de los Libreros de Madrid. “Bárbara contra la muerte” se encuentra en la colección de cuentos Modelos de Mujer, que consta de siete cuentos que plantean muchos de los temas y conflictos presentes en las novelas de la autora. De hecho, la crítica ha destacado en numerosas ocasiones que Almudena Grandes se siente novelista porque el cuento se le queda corto, aunque éstos no carecen de detalle, ni de una buena trama, crea personajes que reflejan a la perfección lo que la autora pretende mostrarnos. El caso de nuestra protagonista, Bárbara, no se queda atrás.

La historia es contada por una niña de trece años en primera persona. Tiene una estructura circular: la protagonista se dispone a ir de pesca con su abuelo y, durante su paseo con él recuerda lo que le sucedió un día en la escuela: la profesora de dibujo le envía a por una caja de tizas y la niña entra, por equivocación, en unas dependencias del colegio donde se encuentra con una monja decrépita que la confunde con una joven hermana y le advierte que llevará una vida en clausura. En ese momento se revela el carácter rebelde de Bárbara, quien se aferra, a las ilusiones de una niña de tan solo trece años, a su aspiración infantil de un futuro de mujer fatal, influenciada por los medios de comunicación y por el romanticismo cinematográfico de la época, pues en un momento del discurso dirá que “el hombre de sus sueños debe parecerse a uno de las películas”. Esta escena, sirve a la autora para mostrar el carácter combativo e inconformista de la niña, que bien podría estar reflejando el suyo propio de la infancia. El cuento, acaba de la misma forma en la que empieza, con una protagonista acompañada de su abuelo, que desde la ingenuidad, le lanza preguntas sobre su futuro sentimental y adolescente.

A continuación imaginaremos el futuro de Bárbara, la joven chiquilla de trece años que desde la inocencia, le preguntaba a su abuelo sobre cómo de guapa sería cuando fuese mayor o si los chicos se interesarían por ella. En efecto, su abuelo no se equivocaba. Bárbara se convirtió en una mujer de armas tomar, valiente, luchadora y con carácter, pero nada de su personalidad se asemejaba a la de una femme fatale. Nada de lo que presagió en su discurso contra la demente novicia ocurrió en el futuro. Bárbara quiso y se dejó la piel con todos los hombres que pasaron por su vida, aunque no olvidaba su papel de chica dura e indiferente a todo que intentaba mostrar cada vez que conocía a un nuevo amante.

“Los tíos se desplomarán a mis pies, todos los tíos, y yo me portaré fatal con ellos, lo siento, pero eso es lo que voy a hacer, coquetear con todos a la vez, y luego, si no llega alguno que sea estupendo, pero estupendo del todo, de verdad, como los novios de las películas, escogeré al que tenga un descapotable, rojo, si puede ser, o amarillo, a lo mejor…”

No hay duda de que Bárbara a esa edad estaba influenciada por las películas de la época, y por una mente aún inmadura e inocente, pero como se muestra en otras partes del relato, como cuando está acompañada de su abuelo, Bárbara tiene una ternura y bondad que no podrá disimular a lo largo de su vida adulta:

“Luego soltó una de esas exageradas ocurrencias que a la abuela la sacaban tanto de quicio y a mí, en cambio, solían hacerme reír.”

“Entonces reí con él. Mi abuelo era cálido, bueno y sabio, y cuando me hacía caso, conseguía que me sintiera una persona importante.” 

Durante su adolescencia, no deja de sufrir por chicos que no la valoran más que por su físico y por su actitud guerrera, pues ninguno se esfuerza por ver más allá de su apariencia, menospreciando sus buenos detalles y su amable corazón. Pero como le ocurrió a su abuela con su marido, apareció alguien que amó cada rasgo de su personalidad, y encontró en él todo lo que había buscado y nadie le había ofrecido, viviendo un matrimonio como el de sus abuelos.

Para leer el texto haz click aquí.


El segundo de los cuentos que analizaremos es «Ese niño gordo a quien sus padres compraron un balón» de Manuel Pilares.
abuelo

Manuel Pilares (1921-1992)

Manuel Pilares es el pseudónimo del asturiano Manuel Fernández Martínez.  Debe a sus amores de juventud su nombre literario, pues muchas de ellas se llamaban Pilar. Minero, ferroviario, maestro, periodista, poeta, cuentista (Los cuentos de la buena y la mala pipa o precisamente el que a continuación comentaremos), autor de novelas cortas, y en los últimos años de su vida dedicado a escribir series de televisión y guiones cinematográficos. Su amor literario fue, sobre todo, por el poema y el cuento. No obstante, escribió novela, la primera de ellas El andén, nacida de su oficio ferroviario, y los relatos o Historias de la cuenca minera. Su último libro de poemas se publicó en 1900, el Tercer libro de antisueños.

El protagonista del cuento que nos ocupa, “Ese niño gordo a quien sus padres compraron un balón” representa a todos los niños que sufren acoso. El autor nos presenta una escena cotidiana, la de unos niños jugando un partido de fútbol, sin embargo, hay algo que llama la atención, uno de ellos es responsable únicamente de cuidar las chaquetas de todos los jugadores, y no por decisión propia, sino porque éstos, a pesar de que el balón es de este niño al que marginan, no le dejan participar. Otro dato significativo es que el hecho de que el autor no bautice a nuestro protagonista más allá del nombre que vemos en el título “niño gordo” hace que el relato pueda extrapolarse a cualquier niño que ha sido acosado o discriminado por sus compañeros de colegio. Algo que, por desgracia, a día de hoy sigue sucediendo. Este niño, además de ser incomprendido por sus amigos, lo es también por los adultos. Cuando el niño siente que no puede más, decide tirar el balón por un puente, pues sabe que sin él, se acabará esta situación. Es visto por un transeúnte que, asustado, decide preguntarle qué ocurre y por qué quiere tirar el balón, que con ternura, ha decidido desinflar para que “caiga muerto” y no vuelva a rebotar, y por tanto, vuelvan de esta manera sus problemas. Aún así, aparece explícito en el relato como el niño niega al desconocido que éste comprenda sus problemas, lo que demuestra el sufrimiento al que estaba expuesto nuestro protagonista por culpa de la actitud de sus compañeros:

“No. No comprende usted. Yo estaba dispuesto a no jugar en mi vida al balón. Pero mis amigos no consentían que me quitase la chaqueta ni para vigilar las suyas. Decían que me la quitaba para que la gente creyera que estaba jugando. Decían que…”

En ese momento se acercan más desconocidos, que pensando que el único problema que podría tener ese triste niño es que se le ha caído un juguete, deciden reunir dinero para comprar otro balón cuando es éste el causante de sus problemas. Es también por tanto, un reflejo del mundo adulto intolerante y superficial, que cree entender a un niño sin ni siquiera parar a escucharle.

A partir de aquí, vamos a imaginar el futuro de nuestro protagonista. Después de aquel episodio, El niño gordo, al que vamos a llamar Raúl, no volvió a bajar nunca más a las pistas de fútbol, y tampoco sus compañeros le echaron de menos, insistieron un par de días llamándole a voces a su ventana, pero pronto y por desgracia encontraron otro “niño gordo” que hiciera la labor que desempeñaba nuestro protagonista.

En cuanto a Raúl, mantuvo su peso a lo largo de su niñez y adolescencia, pues en ningún momento del relato se nos muestra inseguro o acomplejado en ese aspecto (ni debería estarlo), lo que le hacía falta simplemente era una buena dosis de amor propio, y no hay mejor manera de quererse que aceptándose uno mismo tal y como es. Decidió refugiarse en los libros y en los estudios del colegio e instituto, pues le motivaba el hecho de ser valorado por su inteligencia y sus virtudes, como debían haber hecho aquellos niños. Encontró en los estudios su vía de escape y su salida. Iba superándose a sí mismo en cada curso, y aunque también recibió burlas y menosprecios por parte de algunos compañeros por sus hábitos de estudio, pronto esto le abrió las puertas en academias de idiomas prestigiosas, becas económicas por su rendimiento académico y pasó a ser valorado y admirado por todos. Aquel niño al que no permitían quitarle la chaqueta para que el resto de niños no pensase que estaba en el equipo, ahora se encontraba en una liga superior a toda su clase respecto a los estudios.

En cuanto a los crueles niños, ninguno de ellos llegó a terminar la enseñanza básica, ninguno de ellos cambió, siguieron creyéndose los líderes de la escuela, pero pronto sus intereses cambiaron, aburridos de los débiles niños, dejaron de entrar a clase y prefirieron dedicarse a delinquir o robar carteras entre otras muchas cosas. Pronto aquel grupo se separó, y los que eran mirados con miedo y respeto hace unos años, ahora se les veía con lástima y desprecio, pues pudieron tenerlo todo, como Raúl, que empezó una carrera, y decidieron pasar su vida haciendo daño al resto, y con el tiempo, casi por obra de karma, a ellos mismos.

Bibliografía: “Manolo Pilares, escritor fiel.” El país, 1992


El tercer cuento que trabajaremos es «Servandín» de Francisco García Pavón. En él, encontramos únicamente tres personajes: Servandín, su padre, que sólo aparece al final del relato, y el compañero de clase de Servandín, narrador de los hechos.El argumento es sencillo: el padre de un amigo del protagonista tiene un bulto enorme en el cuello que será el factor determinante de las acciones de estos personajes durante toda la narración.

detalle-autorg_25-es

Francisco García Pavón (1919-1989)

El padre de Servandín es casi el leitmotiv del relato y de la clase del colegio entera: al ser humano le impacta si un ser es extraordinario o insólito. A pesar de su impaciente curiosidad al protagonista le da vergüenza pedirle a Servandín que lleve a ver el extraño bulto, por lo que le dice a su propio padre que le dibuje hombres con bultos (como ocurre con el cordero en El Principito), pero siempre va más lejos la imaginación del niño. Al final Servandín le pide jugar con su pelota, y a cambio le pide algo. Servandín solo puede ofrecerle un laxante (no había juguetes en esa época y reutilizaban las cajas, los recipiente como juguetes) o el cinturón de lona de la bandera de la República a pesar de no tener otro con el que abrocharse.

El detalle del cinturón permite al lector situarse temporalmente en la época de la posguerra, y también saber más datos acerca de la familia: a pesar de que la bandera tricolor no estaba bien vista, Servandín ha de llevarla, pues no tiene otra. Deducimos que la situación en su casa es precaria. Tras dichas estas propuestas decide pedirle como favor ver el bulto del padre en el cuello (como un inocente chantaje). Servandín le mira lastimero porque sabe que quieren utilizarle para aliviar su morbo, y a pesar de que su amigo le está poniendo entre la espalda y la pared, cede porque las ganas de jugar al balón son enormes. En esa edad pueden más las ganas de jugar que la vergüenza familiar: es toda la lógica de un niño.

Servandín cede y llegan hasta donde el hombre trabajaba en un ultramarinos muy pequeño y alejado del centro. Está vendiendo velas (emblema de las procesiones y de la falta de luz en las casas española). Sale el hombre, descrito de facciones a un lado por el gran bulto rosa de la cara; el niño no podía quitar la vista de la figura, hasta que se van y Servandín le dice que le van a operar. El final es triste porque condensa la amargura de la familia de pasado republicano, de un padre enfermo.

A partir de este momento imaginaremos la vida de los tres personajes. Como anunció Servandín al narrador del relato, la operación de su padre se produjo, pero no tan pronto como les habían prometido, sino ocho meses después. Para aquel entonces, la salud del padre de Servandín había empeorado muchísimo, y los médicos decidieron que nada podían hacer ya por él. Quedó con el bulto cuatro meses ya, sin apenas comer y poder hablar, hasta que terminó falleciendo. Servandín siempre sospechó que la decisión del cambio de fecha se debió a su activa presencia en el bando republicano durante la guerra, además de porque la sanidad, en aquellos momentos, dejaba mucho que desear, desentendiendo a quién más lo necesitaba por sus decisiones pasadas.

Los años pasaron, y a pesar de que a la familia le costó sobreponerse, acabó saliendo adelante gracias al pequeño negocio que poseían. Consiguieron el dinero suficiente para que Servandín consiguiera su sueño, ser enfermero. La injusta decisión que llevó a su padre a la muerte le había marcado, por lo decidió estudiar para llevar a cabo esta profesión e intentar, al menos, que no volviese a producirse esta situación con otra familia.

Respecto al amigo de Servandín, estuvo apoyando al pequeño cuando ocurrió la desgracia, e iba todas las tardes a jugar al balón con él, esta vez sin pedirle nada a cambio. Entre ellos se creó un fuerte vínculo, que traspasaba a veces el de la amistad, eran como hermanos. No cambió esta relación cuando ambos crecieron, y mucho menos cuando Servandín logró conseguir su sueño, que enorgullecía enormemente a su amigo.


El cuarto cuento al que nos dedicaremos es  «Tinajilla» de Lauro Olmo, perteneciente  al volumen Golfos de bien de 1968. Este relato tiene como protagonista a un grupo de estudiantes de la España franquista. Narra el primer día del hermano de uno de los protagonistas, Tinajilla, mote que debe a su madre, pues le dejaba en casa mientras trabajaba dentro de una tinaja, de donde apenas le sobresalían los ojos. Un día se ompe la tinaja y el protagonista sale de ella, como el que sale del huevo por 2ª vez y ya hubiera madurado.

lauro-olmo-266.jpg

Lauro Olmo (1921-1994)

Sabañón acompaña a su hermano al colegio, donde se encuentra a don Ramón, que no es sino la escuela franquista en general. Cuando pasa lista todos los motes se venían abajo en pos de los nombres de pila. Don Ramón se dirige al pequeño, y el niño no se acuerda de su nombre de pila sino de “Tinajilla”, aunque sus amigos salen al rescate: no sabe leer ni escribir; tenía 7 años. Desde ese momento el niño se incorpora al sistema educativo de la sociedad franquista, como forma de bautizo social era adjudicarle un sitio dentro de la “jaula” (aula de la escuela) y el recuerdo de su nombre de pila, del que se olvidó de tanto oírse como “Tinajilla”.

Partiremos de este momento para comenzar a inventar el futuro de nuestros protagonistas. Los chicos crecieron bajo una dura educación, llena de amenazas, violencia e injusticias por parte de don Ramón, pues en el relato solo se nos narraba la punta del iceberg de este irascible hombre. No obstante, y por consecuencia del tiempo convulso en el que está narrado el relato nuestros protagonistas abandonaron la escuela, cuando apenas algunos de ellos habían comenzado a leer y escribir. Pronto tuvieron que ponerse a trabajar para ayudar a sus familias, en las que solo trabajaba la figura del hombre y con un sueldo ridículo. El caso de Tinajilla y Sabañón era aún peor. Su madre fue abandonada por su marido cuando estaba embarazada de Sabañón, por lo que la ayuda económica de los chicos en la casa era más que necesaria. El mayor de ellos tuvo que abandonar la escuela con tan solo trece años para empezar a trabajar en el campo, por lo que ya no podía defender a su hermano pequeño, Tinajilla, de las crueles burlas de los niños recordándole su infancia en una tinaja.
Aún así, Tinaja pronto manifestó una gran inteligencia y perspicacia, que no tenían el resto de sus amigos y tampoco Sabañón. Éste, siendo consciente de la brillante mente de su hermano, le prometió que haría lo que estuviera en su mano para que no hiciera falta en casa otra ayuda económica aparte de la suya. Así fue, Sabañón trabajaba más horas, cada día llegaba más tarde y cansado del campo, solo por Tinajilla, para que siguiera estudiando, para que siguiera en la escuela. Conforme pasaron los años, el pequeño de los hermanos no decepcionó a la familia y con lo que éstos habían ahorrado decidieron que lo mejor sería que continuara los estudios en la universidad. Tinaja, aquel del que todos se reían, era el único muchacho de todo el bloque, incluso de todo el barrio que podía permitirse económica e intelectualmente ir a la universidad. Desde aquel momento fue admirado por todos, ansiosos por saber qué ocurría entre aquellas paredes, a los que solo llegaban unos pocos afortunados. Tinaja jamás olvidó los humildes orígenes de su familia, y se prometió a sí mismo, que le devolvería a su madre y a su hermano todo el esfuerzo económico que habían hecho apostando y creyendo en él.
Finalmente Tinajilla acabó la carrera de Humanidades y optó a una plaza en uno de los colegios de barrio. Acordándose siempre de la figura cruel de don Ramón, trataba a sus alumnos con todo el respeto y cariño que le estaba permitido. La mitad de su suelto estaba destinado íntegramente a su madre, que ya vivía sola, y a su hermano, que para entonces estaba felizmente casado y tenía dos preciosos hijos. Tinajilla se sentía afortunado por la vida que había conseguido tener, pero era consciente que toda ella se la debía a su hermano Sabañón, que desde aquel día en la “jaula” le había defendido y así siguió haciéndolo incluso al no estar a su lado.