El tema de la obsesión en los cuentos

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Jon Bilbao

El post de hoy será acerca del tema de la obsesión en los cuentos, en concreto analizaremos «Los espías» de Jon Bilbao. Éste pertenece a la obra Bajo el influjo del cometa, último libro de relatos de este autor. Esta formado por ocho cuentos que ahondan en la psicología de sus personajes en escenarios cotidianos, haciendo sembrar la incertidumbre en la mente del lector, pues logra sacar a la luz el lado oscuro de todo ser humano cuando suceden pequeños cambios que alteran su normalidad y rutina.

El relato plantea una situación cotidiana, un matrimonio que descubre una costumbre algo inusual pero nada alarmante en sus nuevos vecinos: cada noche, excepto los domingos, leen la Biblia en familia, formando un círculo. Esta costumbre es la primera que llama la atención de la protagonista del relato, de la que desconocemos su nombre pero conforme avancemos, sabremos que, junto con su marido, lleva una vida infeliz y sentimentalmente muerta, lo que le mueve a despertar la curiosidad de su esposo sobre los nuevos inquilinos que iban a hospedarse ese verano en el vecindario. Desde este momento, comenzarán una vigilancia exagerada, llegando incluso a cambiar su rutina y dependiendo por completo de las decisiones de los nuevos habitantes.

Los personajes de este relato pueden llegar a despertar simpatías en el lector e incluso una empatía palpable, pero pronto descubriremos en ellos cualidades que nos hacen sentir repulsión e incluso vergüenza, pero que sorprendentemente hemos descubierto alguna vez en nosotros mismos, ¿quién no ha sentido nunca curiosidad por un nuevo vecino o por qué estará haciendo en un determinado momento? Sin embargo, la obsesión de los protagonistas avanza tan rápido y sobre todo a límites tan deshonestos que pronto dejamos de sentirnos identificados con ellos. No obstante, el matrimonio espía son un reflejo algo distorsionado de nosotros mismos;  sus debilidades también se muestran con una agudeza sutil y profunda. Pues, en mi opinión, llegan a esta situación por su rutinaria vida y su aburrido matrimonio.

A continuación responderé a una serie de preguntas y formularé alguna más según deducciones por los datos que nos ofrece el relato o bien por invención:

  1. ¿Cómo son “los espías” del relato, qué tipo de personas son, qué vida llevan, qué relación mantienen?

Se trata de un matrimonio sin hijos, sin aficiones, con una vida sedentaria, aburrida y que lleva su relación sentimental de manera parecida a su vida. Tanto es así, que algo tan insignificante como el hecho de que su vecina alquile la casa en verano a un matrimonio con dos hijos que no lo ha hecho en ninguna ocasión anterior, hace que hasta sus propias costumbres cambien, y su vida gire en torno a ellos, llegando a instalar un “centro de espionaje” en dos lugares diferentes de la casa.

      2. ¿Qué les mueve a su “espionaje”?

En mi opinión, el motivo es su forma de vida, comentada en la pregunta anterior. Pero, sin duda, esta nueva misión es motivada por la mujer del matrimonio, pues fue quién avisó a su marido de esta “extraña” costumbre diaria de sus vecinos, y él, sin interés, asiente cuando su mujer le propone espiarlos mañana. No obstante, pronto el hombre, se meterá de lleno en esta “interesante” investigación incluso de una manera más peligrosa e indecente que su mujer, hasta el punto de colarse en la vivienda de los vecinos o perseguir a la niña del matrimonio.

“Podemos verlos mañana, sugirió la mujer cuando volvió al salón. Cenan temprano y después se reúnen para leer. Él asintió sin interés. El postre permanecía sin terminar en un plato sobre su regazo.”

     3. ¿Por qué razón se hallan tan fascinados por sus vecinos?

El hecho de que ocurra algo diferente en sus vidas, como que vengan unos nuevos inquilinos al vecindario, les perturba y les lleva a obsesionarse con ellos. El motivo, que para mí no es más que una excusa, es que se reúnan al atardecer a leer todos juntos la Biblia, y que los niños, con dieciséis años escuchen con atención las palabras de su padre. En mi opinión, lo que realmente les lleva a esta situación es observar una escena que ellos jamás han vivido, y el hecho de ver una complicidad y gestos de cariño en aquel matrimonio, era realmente lo que les trastornaba, pues en su matrimonio no quedaba ni un resquicio de eso. Bajo mi punto de vista, la obsesión comienza porque quieren sentirse también parte de esa familia, y necesitan encontrar el punto débil de este matrimonio, para reconfortarse así, y comprender que no son los únicos que tienen una existencia  aburrida y vacía.

“En un par de ocasiones los hijos rieron, divertidos por algo que decía el texto, mientras el matrimonio, más comedido, intercambiaba una sonrisa antes de que él prosiguiera.”

“Más tarde, en la cama, el hombre y la mujer hablaron de lo que habían visto. Se preguntaron quiénes serían aquellas personas. Bromearon acerca de su poco habitual costumbre y, cada vez más interesados, acordaron averiguar más sobre ellos. Después se durmieron abrazados. Hacía tiempo que esto no sucedía.”

No debemos dejar pasar este dato. El único tema de conversación se centra en esta investigación, llegan a bromear y reírse ello, creando una agradable atmósfera entre ellos, algo que no sucedía normalmente, como vemos al principio del relato. Es decir, lo único que tienen en común ahora el matrimonio, lo que le hace bromear, divertirse, charlar e incluso dormir abrazados no tiene que ver con ellos, ni con su vida, sino que para que esto suceda, han tenido que espiar a unos desconocidos.

4. ¿Cómo cambian sus existencias desde la llegada de esta familia al barrio?

Comienzan una rutina dedicada por y para vigilar a los vecinos, aunque pronto entablan una “amistad” con ellos, por supuesto propiciada por el hombre espiador, que se acerca al desconocido presentándose e invitándole a tomar una copa esa misma noche. Estas salidas comenzaron a ser frecuentes, viéndose casi a diario, aún así, el nuevo matrimonio nunca les habló de su interés por la religión ni tampoco el matrimonio espía les reveló que eran conscientes de esta costumbre y que gracias a ella conseguían tener algo qué hacer.

“Había un momento de la semana en el que, en especial, se sentían excluidos de la vida de sus vecinos: los domingos por la mañana, cuando estos iban a misa. En tales ocasiones el hombre y la mujer se quedaban hasta tarde en la cama y mataban el tiempo como buenamente podían.”

5. ¿Hasta qué niveles son capaces de llegar en su obsesión?

La primera vez que este interés llega a ser preocupante en el matrimonio ocurre cuando el marido decide que tiene que espiarlos más cerca, y movido por una fuerza incontrolable, llega incluso a colarse en el jardín del matrimonio. Sin embargo, es visto por el pequeño varón de la familia, que se encontraba en el salón. La mujer del espía, asustada, decide intervenir para despistar a la familia, provocando esta escena nerviosismo en el lector, pues no se revela dónde se encuentra escondido el hombre hasta el final del día. Éste llegó cuando anocheció, explicándole a su mujer que había estado escondido en la antigua caseta del perro de la propietaria de la casa, olvidando que era alérgico al pelo de perro y  sintiendo pronto las consecuencias. Sorprendentemente, la mujer no reacciona ante esta situación, ni siquiera al ver el lamentable aspecto de su marido, como esperaría el lector. No vemos ninguna muestra de arrepentimiento en estos personajes, ni siquiera llegan a plantearse que el espionaje se les está yendo de las manos, al contrario, el hombre del matrimonio felicita a su mujer por el trabajo hecho al despistar al matrimonio.

“Lo has hecho bien cuando has salido a hablar con ellos para distraerlos. Si no, seguro que me habrían encontrado. […] Ha estado muy bien. Como si hubieras nacido para ello.”

Otro hecho que evidencia que la vigilancia a los vecinos empezaba a ser obsesiva es que el hombre “detective” llega a plantearse comprar una Biblia a imitación de sus vecinos, aunque pronto desechó la idea.

“Un día, mientras curioseaba en una librería, el hombre se encontró por casualidad frente a un estante repleto de Biblias. Tomó una con la vaga intención de comprarla. El finísimo papel y el modo como se arrugaba cuando intentaba pasar las páginas le desagradaron de inmediato.”

Llegaron incluso a comprarse unos prismáticos para poder espiarlos mejor. Pero, sin duda, su trastorno obsesivo es completamente evidente cuando el hombre del matrimonio espía llega a seguir a la hija de los vecinos, en un supermercado, e incluso en las salidas de la chica con sus amigas, espiando las relaciones sexuales de ésta.

“Tras asistir a distancia a la sesión de lecturas de la Biblia, el hombre dijo que le apetecía salir a estirar las piernas. La mujer respondió que prefería quedarse, y él se alegró. El hombre recorrió el paseo que bordeaba la playa. Sabía qué zona les gustaba a la chica y sus amigos. Identificó el grupo y tomó asiento en un banco.”

6. ¿Qué esperan obtener a cambio de este constante “espionaje”? 

En ningún momento del relato aparece explícito el motivo de esta obsesión, pero en mi opinión, creo que vieron en estos vecinos una vía de escape para salir de su aburrida rutina, buscaban ser apreciados por ellos, formar parte de la unidad familiar y en mi opinión, encontrar algún fallo en esa familia tan estructurada, para sentirse reconfortados con su aburrida vida.

7. ¿Por qué crees que huyen, finalmente, los vecinos?

Creo que comienzan a sospechar de la obsesión del matrimonio, pues la hija llega a ver al vecino en el supermercado y aquella noche de verano, el pequeño de la familia ha tomado la misma costumbre que el matrimonio, lo que no creo que sea casualidad.

“La lluvia caía recta, como plomo líquido. La casa de los vecinos estaba a oscuras, pero en la ventana del salón vislumbró una silueta. Permanecía inmóvil y parecía escudriñar la calle, la casa de enfrente, la del hombre y la mujer.”

8. El final del relato es abierto, pero, ¿qué desenlace imaginas para esta pareja de obsesionados?

Se muestran totalmente convencidos de que tienen datos suficientes como para encontrar al matrimonio que ha huido, por lo que creo que llevarán a cabo su investigación con éxito, encontrando a la familia. Se instalarán cerca de ellos en la misma ciudad con cualquier excusa, pues tampoco les ataba nada a su residencia anterior, y continuarían vigilándoles llegando a situaciones límite, como hacían en el verano en el que se nos narra el relato. Finalmente, el matrimonio terminaría denunciándoles y romperían su amistad. Los espías acabarían dejando esta obsesiva costumbre y volverían a su indiferente vida.

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Bibliografía: http://www.saltodepagina.com/critica/bajo_el_influjo_del_cometa-25/

http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/2013/05/bajo-el-influjo-del-cometa-de-jon-bilbao.html

Cuentos sufíes para pensar

¡Hola chicos!

He encontrado un libro por casa que me encantaría compartir con vosotros, se llama Cuentos sufíes para pensar de Idries Shah, con un prólogo interesantísimo de Jorge Bucay, autor de libros como Cuentos para pensar. 

Os dejo aquí un fragmento de este escrito para que sepáis qué son estos cuentos y qué pretenden:

Dicen los sufíes que el proceso de aprendizaje se asemeja a la costura con hilo y aguja. Este libro es una aguja. El hilo eres tú. ¿De qué servirían todas las agujas del mundo si no existieran los hilos que cosen el conocimiento, el desarrollo y la sabiduría? ¿De qué servirían cientos de miles de maestros y de libros y de imágenes si no existieran aquellos dispuestos a transformar un dato, una palabra o una idea en acciones, pensamientos y emociones capaces de cambiar el mundo interior y el entorno? Una aguja sin hilo sólo puede hacer agujeros. Porque el ganchillo empuja pero no hilvana. La punta marca el camino pero no lo sujeta, señala pero no alcanza.

El cuento es una fuente de inspiración y de enseñanza tan viejo como la historia de la humanidad. Antes aún de la escritura, se contaban cuentos. Muy posiblemente, cuando el lenguaje no era suficiente para narrar un hecho, se pintaron historias en las paredes de las cuevas donde habitaban nuestros antecesores.

De esta manera, hombres y mujeres transmitieron conocimientos, técnicas, conductas y experiencias a las generaciones que los seguían, que más tarde comprendieron que debían, a su vez, conservar esa transmisión oral o gráfica como un tesoro que enriquecerían con sus nuevos relatos o con el imaginario creativo de algún primitivo narrador o poeta.

Relatos que, al circular, llevan consigo el compendio de sabiduría popular, el arquetipo que muestra la historia, la cultura, los valores y las costumbres de la gente, el instrumento de cohesión social que desde los comienzos del tiempo sirve para entretener, instruir y expresar lo que Jung denominaba el “inconsciente colectivo”. Las historias que relacionan el pasado con el presente y que proyectan el presente en el futuro común.

Todos los cuentos sufíes pueden ser utilizados para varios fines que yo agrupo en estos ocho ítems de creciente importancia.

  1. Crear imágenes cargadas de emoción en la mente de los oyentes para que una determinada información se sitúe por debajo del nivel consciente del conocimiento racional y favorecer asociaciones que permitan que esos datos aprendidos se recuerden fácilmente.
  2. Fortalecer la creatividad desplazando la actividad cerebral de las ondas de procesamiento intelectivo a las de entonación diurna para transformar lo abstracto en concreto.
  3. Demostrar que un determinado problema no es novedoso ni excepcional.
  4. Suscitar la curiosidad, incluir los puntos de vista y la sabiduría de otras culturas y demostrar que cada persona interpreta la información de forma diferente de acuerdo con su propia experiencia.
  5. Abrir un interrogante y reformular un problema presentándolo como una nueva oportunidad; enseñar a analizar la conducta desde una perspectiva diferente.
  6. Cuestionar una conducta inaceptable, propia o ajena; y demostrar lo inadecuado del razonamiento lógico formal excluyente.
  7. Alentar a implicarse por entero y a intervenir comprometidamente para modificar un paradigma.
  8. Por último, sentir el goce de leerlos y compartirlos; porque contar historias es un arte al alcance de todo el mundo, y disfrutar al escucharlas un placer universal, relacionado con nuestra parte más pura y fresca, la del niño que alguna vez fuimos y vive todavía en nosotros.

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    Jorge Bucay

Idries Shah permite comprobar una vez más esa cualidad esencial de los cuentos sufíes: la de ser capaces de acompañar nuestras transiciones acostando distancias entre nuestras vivencias y nuestras teorías; una forma de ver y de entender el mundo desde una luz nueva, desde un ángulo diferente.

La magia de estos cuentos habita en tu coraje de escuchar el eco que resonará en tu interior después de leer cada historia, aparentemente ajena y distante. En lo personal, como terapeuta, como comunicador, como buscador y como docente, me alegra tener entre mis manos esta nueva colección de historias de Idries Shah. Sean estas pocas palabras tomadas como la mínima expresión de mi gratitud.

Jorge Bucay. Buenos Aires, julio de 2004.

-Nasturdín-le preguntó el vecino-, ¿quién es más inteligente el camello o el hombre?                              -El camello-contestó el mulá-, porque lleva cargas pesadas sin quejarse, pero nunca pide una carga adicional. El hombre, por el contrario, atestado de responsabilidades, siempre quiere aumentar sus cargas.


Un día de invierno, el juez encontró a Nasrudín en el mercado.                                                                              -Extraordinario- dijo pensativamente-: llevo el más cálido de mis mantos forrado de piel y sin embargo estoy helado por el viento. Mientras que tú, vestido con harapos, no pareces sentir el frío. ¿Cómo es posible?                                                                                                                                                                        -Un hombre que lleva encima toda su ropa no se puede permitir tener frío-contestó Nasrudín.

Bibliografía: Cuentos sufíes para pensar, Idries Shah, RBA.

Para saber más sobre el autor…

Puedes leer algunos cuentos sufíes aquí

La moralidad en los cuentos

Desde tiempos inmemoriales ciertos cuentos se han utilizado para hacer proselitismo de determinadas formas de ser, comportarse o pensar. Se denominan cuentos moralizadores. Las fábulas de Esopo suelen calificarse como tales. Basta con pensar en la fábula de Esopo en la que un enorme cuervo negro escudriña el interior de una jarra de reluciente cristal repleta de uvas enormes y jugosas. Mete el pico por la boca de la jarra, tratando de atrapar con él todas las que puede, pero al tener el pico rebosante de uvas, y por tanto abierto de par en par, es incapaz de sacarlo de la jarra. Así tiene que conformarse con menos uvas, porque de lo contrario no podrá saborear el delicioso manjar y se quedará para siempre con su pico lleno de uvas dentro del recipiente.

El cuento indica que, si tratamos de llevarnos todo lo que vemos o imaginamos, quizá no podremos disfrutar ni de una parte de ello. La idea ancestral de que la pasión y el apetito voraz pueden tender una trampa al alma de las maneras más venenosas, enfatiza que la codicia es la ausencia de un juicio correcto de lo que consideramos necesidad.

Cualquier cuento puede interpretarse de forma básica o articulada, en función de la dotes artísticas del cuentacuentos/intérprete. Una manera básica de interpretar la fábula del cuervo de Esopo podría ser: “No está bien tratar de abarcar más de lo que realmente podemos, por tanto es un comportamiento negativo”. En realidad, un niño puede entender una interpretación moralizante más articulada. Los niños son capaces de comprender los cuentos como historias instructivas, como ejemplos de éxito y/o fracaso por seguir los dictados de su corazón.

En muchos cuentos, como en Las Crónicas de Narnia (una serie de C.S Lewis en la que el protagonista es el pequeño Eustace), nos encontramos con niños que, por culpa de su bondad, sufren menosprecio y humillación, y que precisamente por culpa de esto jamás aprendieron lo que era la bondad. Solo han aprendido lo que es el miedo. Jamás desarrollaron ni expandieron la bondad que llevaban en su interior. Viven con temor a ser tildados de “no buenos”, o con miedo a que los demás “descubran” que tienen algún tipo de defecto profundo. Y esto no es lo mismo que luchar por ser bondadoso. En los cuentos antiguos la bondad, en toda su extensión, la empatía, la justicia, la prudencia, la moderación, el valor ante situaciones límite se manifiestan estos rasgos de una forma u otra.

Es bueno hacer una interpretación moral de los cuentos de hadas y fábulas. Pero las interpretaciones básicas y humillantes que plantean una amenaza al oyente, más que invitar al alma a mirar más allá, o cuya intención es hacer pasar vergüenza en vez de educar, no parecen tener un uso muy sabio de estos cuentos tan antiguos que han sobrevivido tantísimos contratiempos a lo largo de la historia de la humanidad.

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Bibliografía: Cuentos populares españoles, José María Guelbenzu

El papel de los niños en los cuentos

Es inevitable relacionar a los cuentos con los niños, por ello, muchos de éstos están protagonizados por los más pequeños: «Caperucita Roja», «Peter Pan», «Pulgarcito»… El niño siempre representa la inocencia y la pureza en el relato. A su vez, adquieren una dimensión de denuncia y condena social, es decir, tiene una vertiente crítica.

El post de hoy será diferente, puesto que a partir de un cuento que tenga de protagonista a un personaje infantil, crearé su vida adulta, que no aparece en el relato, pero me ajustaré a él justificando todas mis decisiones con las pistas que nos ha dejado el autor acerca de su carácter. El primer cuento que analizaremos es «Bárbara contra la muerte» de Almudena Grandes.

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Almudena Grandes

El éxito de esta autora es indiscutible, licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense, se dio a conocer en 1989 con Las edades de Lulú y desde entonces no ha dejado de escribir. Varias de sus obras han sido llevadas al cine y al teatro, y han merecido, entre otros, el Premio de la Fundación Lara o el Premio de los Libreros de Madrid. “Bárbara contra la muerte” se encuentra en la colección de cuentos Modelos de Mujer, que consta de siete cuentos que plantean muchos de los temas y conflictos presentes en las novelas de la autora. De hecho, la crítica ha destacado en numerosas ocasiones que Almudena Grandes se siente novelista porque el cuento se le queda corto, aunque éstos no carecen de detalle, ni de una buena trama, crea personajes que reflejan a la perfección lo que la autora pretende mostrarnos. El caso de nuestra protagonista, Bárbara, no se queda atrás.

La historia es contada por una niña de trece años en primera persona. Tiene una estructura circular: la protagonista se dispone a ir de pesca con su abuelo y, durante su paseo con él recuerda lo que le sucedió un día en la escuela: la profesora de dibujo le envía a por una caja de tizas y la niña entra, por equivocación, en unas dependencias del colegio donde se encuentra con una monja decrépita que la confunde con una joven hermana y le advierte que llevará una vida en clausura. En ese momento se revela el carácter rebelde de Bárbara, quien se aferra, a las ilusiones de una niña de tan solo trece años, a su aspiración infantil de un futuro de mujer fatal, influenciada por los medios de comunicación y por el romanticismo cinematográfico de la época, pues en un momento del discurso dirá que “el hombre de sus sueños debe parecerse a uno de las películas”. Esta escena, sirve a la autora para mostrar el carácter combativo e inconformista de la niña, que bien podría estar reflejando el suyo propio de la infancia. El cuento, acaba de la misma forma en la que empieza, con una protagonista acompañada de su abuelo, que desde la ingenuidad, le lanza preguntas sobre su futuro sentimental y adolescente.

A continuación imaginaremos el futuro de Bárbara, la joven chiquilla de trece años que desde la inocencia, le preguntaba a su abuelo sobre cómo de guapa sería cuando fuese mayor o si los chicos se interesarían por ella. En efecto, su abuelo no se equivocaba. Bárbara se convirtió en una mujer de armas tomar, valiente, luchadora y con carácter, pero nada de su personalidad se asemejaba a la de una femme fatale. Nada de lo que presagió en su discurso contra la demente novicia ocurrió en el futuro. Bárbara quiso y se dejó la piel con todos los hombres que pasaron por su vida, aunque no olvidaba su papel de chica dura e indiferente a todo que intentaba mostrar cada vez que conocía a un nuevo amante.

“Los tíos se desplomarán a mis pies, todos los tíos, y yo me portaré fatal con ellos, lo siento, pero eso es lo que voy a hacer, coquetear con todos a la vez, y luego, si no llega alguno que sea estupendo, pero estupendo del todo, de verdad, como los novios de las películas, escogeré al que tenga un descapotable, rojo, si puede ser, o amarillo, a lo mejor…”

No hay duda de que Bárbara a esa edad estaba influenciada por las películas de la época, y por una mente aún inmadura e inocente, pero como se muestra en otras partes del relato, como cuando está acompañada de su abuelo, Bárbara tiene una ternura y bondad que no podrá disimular a lo largo de su vida adulta:

“Luego soltó una de esas exageradas ocurrencias que a la abuela la sacaban tanto de quicio y a mí, en cambio, solían hacerme reír.”

“Entonces reí con él. Mi abuelo era cálido, bueno y sabio, y cuando me hacía caso, conseguía que me sintiera una persona importante.” 

Durante su adolescencia, no deja de sufrir por chicos que no la valoran más que por su físico y por su actitud guerrera, pues ninguno se esfuerza por ver más allá de su apariencia, menospreciando sus buenos detalles y su amable corazón. Pero como le ocurrió a su abuela con su marido, apareció alguien que amó cada rasgo de su personalidad, y encontró en él todo lo que había buscado y nadie le había ofrecido, viviendo un matrimonio como el de sus abuelos.

Para leer el texto haz click aquí.


El segundo de los cuentos que analizaremos es «Ese niño gordo a quien sus padres compraron un balón» de Manuel Pilares.
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Manuel Pilares (1921-1992)

Manuel Pilares es el pseudónimo del asturiano Manuel Fernández Martínez.  Debe a sus amores de juventud su nombre literario, pues muchas de ellas se llamaban Pilar. Minero, ferroviario, maestro, periodista, poeta, cuentista (Los cuentos de la buena y la mala pipa o precisamente el que a continuación comentaremos), autor de novelas cortas, y en los últimos años de su vida dedicado a escribir series de televisión y guiones cinematográficos. Su amor literario fue, sobre todo, por el poema y el cuento. No obstante, escribió novela, la primera de ellas El andén, nacida de su oficio ferroviario, y los relatos o Historias de la cuenca minera. Su último libro de poemas se publicó en 1900, el Tercer libro de antisueños.

El protagonista del cuento que nos ocupa, “Ese niño gordo a quien sus padres compraron un balón” representa a todos los niños que sufren acoso. El autor nos presenta una escena cotidiana, la de unos niños jugando un partido de fútbol, sin embargo, hay algo que llama la atención, uno de ellos es responsable únicamente de cuidar las chaquetas de todos los jugadores, y no por decisión propia, sino porque éstos, a pesar de que el balón es de este niño al que marginan, no le dejan participar. Otro dato significativo es que el hecho de que el autor no bautice a nuestro protagonista más allá del nombre que vemos en el título “niño gordo” hace que el relato pueda extrapolarse a cualquier niño que ha sido acosado o discriminado por sus compañeros de colegio. Algo que, por desgracia, a día de hoy sigue sucediendo. Este niño, además de ser incomprendido por sus amigos, lo es también por los adultos. Cuando el niño siente que no puede más, decide tirar el balón por un puente, pues sabe que sin él, se acabará esta situación. Es visto por un transeúnte que, asustado, decide preguntarle qué ocurre y por qué quiere tirar el balón, que con ternura, ha decidido desinflar para que “caiga muerto” y no vuelva a rebotar, y por tanto, vuelvan de esta manera sus problemas. Aún así, aparece explícito en el relato como el niño niega al desconocido que éste comprenda sus problemas, lo que demuestra el sufrimiento al que estaba expuesto nuestro protagonista por culpa de la actitud de sus compañeros:

“No. No comprende usted. Yo estaba dispuesto a no jugar en mi vida al balón. Pero mis amigos no consentían que me quitase la chaqueta ni para vigilar las suyas. Decían que me la quitaba para que la gente creyera que estaba jugando. Decían que…”

En ese momento se acercan más desconocidos, que pensando que el único problema que podría tener ese triste niño es que se le ha caído un juguete, deciden reunir dinero para comprar otro balón cuando es éste el causante de sus problemas. Es también por tanto, un reflejo del mundo adulto intolerante y superficial, que cree entender a un niño sin ni siquiera parar a escucharle.

A partir de aquí, vamos a imaginar el futuro de nuestro protagonista. Después de aquel episodio, El niño gordo, al que vamos a llamar Raúl, no volvió a bajar nunca más a las pistas de fútbol, y tampoco sus compañeros le echaron de menos, insistieron un par de días llamándole a voces a su ventana, pero pronto y por desgracia encontraron otro “niño gordo” que hiciera la labor que desempeñaba nuestro protagonista.

En cuanto a Raúl, mantuvo su peso a lo largo de su niñez y adolescencia, pues en ningún momento del relato se nos muestra inseguro o acomplejado en ese aspecto (ni debería estarlo), lo que le hacía falta simplemente era una buena dosis de amor propio, y no hay mejor manera de quererse que aceptándose uno mismo tal y como es. Decidió refugiarse en los libros y en los estudios del colegio e instituto, pues le motivaba el hecho de ser valorado por su inteligencia y sus virtudes, como debían haber hecho aquellos niños. Encontró en los estudios su vía de escape y su salida. Iba superándose a sí mismo en cada curso, y aunque también recibió burlas y menosprecios por parte de algunos compañeros por sus hábitos de estudio, pronto esto le abrió las puertas en academias de idiomas prestigiosas, becas económicas por su rendimiento académico y pasó a ser valorado y admirado por todos. Aquel niño al que no permitían quitarle la chaqueta para que el resto de niños no pensase que estaba en el equipo, ahora se encontraba en una liga superior a toda su clase respecto a los estudios.

En cuanto a los crueles niños, ninguno de ellos llegó a terminar la enseñanza básica, ninguno de ellos cambió, siguieron creyéndose los líderes de la escuela, pero pronto sus intereses cambiaron, aburridos de los débiles niños, dejaron de entrar a clase y prefirieron dedicarse a delinquir o robar carteras entre otras muchas cosas. Pronto aquel grupo se separó, y los que eran mirados con miedo y respeto hace unos años, ahora se les veía con lástima y desprecio, pues pudieron tenerlo todo, como Raúl, que empezó una carrera, y decidieron pasar su vida haciendo daño al resto, y con el tiempo, casi por obra de karma, a ellos mismos.

Bibliografía: “Manolo Pilares, escritor fiel.” El país, 1992


El tercer cuento que trabajaremos es «Servandín» de Francisco García Pavón. En él, encontramos únicamente tres personajes: Servandín, su padre, que sólo aparece al final del relato, y el compañero de clase de Servandín, narrador de los hechos.El argumento es sencillo: el padre de un amigo del protagonista tiene un bulto enorme en el cuello que será el factor determinante de las acciones de estos personajes durante toda la narración.

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Francisco García Pavón (1919-1989)

El padre de Servandín es casi el leitmotiv del relato y de la clase del colegio entera: al ser humano le impacta si un ser es extraordinario o insólito. A pesar de su impaciente curiosidad al protagonista le da vergüenza pedirle a Servandín que lleve a ver el extraño bulto, por lo que le dice a su propio padre que le dibuje hombres con bultos (como ocurre con el cordero en El Principito), pero siempre va más lejos la imaginación del niño. Al final Servandín le pide jugar con su pelota, y a cambio le pide algo. Servandín solo puede ofrecerle un laxante (no había juguetes en esa época y reutilizaban las cajas, los recipiente como juguetes) o el cinturón de lona de la bandera de la República a pesar de no tener otro con el que abrocharse.

El detalle del cinturón permite al lector situarse temporalmente en la época de la posguerra, y también saber más datos acerca de la familia: a pesar de que la bandera tricolor no estaba bien vista, Servandín ha de llevarla, pues no tiene otra. Deducimos que la situación en su casa es precaria. Tras dichas estas propuestas decide pedirle como favor ver el bulto del padre en el cuello (como un inocente chantaje). Servandín le mira lastimero porque sabe que quieren utilizarle para aliviar su morbo, y a pesar de que su amigo le está poniendo entre la espalda y la pared, cede porque las ganas de jugar al balón son enormes. En esa edad pueden más las ganas de jugar que la vergüenza familiar: es toda la lógica de un niño.

Servandín cede y llegan hasta donde el hombre trabajaba en un ultramarinos muy pequeño y alejado del centro. Está vendiendo velas (emblema de las procesiones y de la falta de luz en las casas española). Sale el hombre, descrito de facciones a un lado por el gran bulto rosa de la cara; el niño no podía quitar la vista de la figura, hasta que se van y Servandín le dice que le van a operar. El final es triste porque condensa la amargura de la familia de pasado republicano, de un padre enfermo.

A partir de este momento imaginaremos la vida de los tres personajes. Como anunció Servandín al narrador del relato, la operación de su padre se produjo, pero no tan pronto como les habían prometido, sino ocho meses después. Para aquel entonces, la salud del padre de Servandín había empeorado muchísimo, y los médicos decidieron que nada podían hacer ya por él. Quedó con el bulto cuatro meses ya, sin apenas comer y poder hablar, hasta que terminó falleciendo. Servandín siempre sospechó que la decisión del cambio de fecha se debió a su activa presencia en el bando republicano durante la guerra, además de porque la sanidad, en aquellos momentos, dejaba mucho que desear, desentendiendo a quién más lo necesitaba por sus decisiones pasadas.

Los años pasaron, y a pesar de que a la familia le costó sobreponerse, acabó saliendo adelante gracias al pequeño negocio que poseían. Consiguieron el dinero suficiente para que Servandín consiguiera su sueño, ser enfermero. La injusta decisión que llevó a su padre a la muerte le había marcado, por lo decidió estudiar para llevar a cabo esta profesión e intentar, al menos, que no volviese a producirse esta situación con otra familia.

Respecto al amigo de Servandín, estuvo apoyando al pequeño cuando ocurrió la desgracia, e iba todas las tardes a jugar al balón con él, esta vez sin pedirle nada a cambio. Entre ellos se creó un fuerte vínculo, que traspasaba a veces el de la amistad, eran como hermanos. No cambió esta relación cuando ambos crecieron, y mucho menos cuando Servandín logró conseguir su sueño, que enorgullecía enormemente a su amigo.


El cuarto cuento al que nos dedicaremos es  «Tinajilla» de Lauro Olmo, perteneciente  al volumen Golfos de bien de 1968. Este relato tiene como protagonista a un grupo de estudiantes de la España franquista. Narra el primer día del hermano de uno de los protagonistas, Tinajilla, mote que debe a su madre, pues le dejaba en casa mientras trabajaba dentro de una tinaja, de donde apenas le sobresalían los ojos. Un día se ompe la tinaja y el protagonista sale de ella, como el que sale del huevo por 2ª vez y ya hubiera madurado.

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Lauro Olmo (1921-1994)

Sabañón acompaña a su hermano al colegio, donde se encuentra a don Ramón, que no es sino la escuela franquista en general. Cuando pasa lista todos los motes se venían abajo en pos de los nombres de pila. Don Ramón se dirige al pequeño, y el niño no se acuerda de su nombre de pila sino de “Tinajilla”, aunque sus amigos salen al rescate: no sabe leer ni escribir; tenía 7 años. Desde ese momento el niño se incorpora al sistema educativo de la sociedad franquista, como forma de bautizo social era adjudicarle un sitio dentro de la “jaula” (aula de la escuela) y el recuerdo de su nombre de pila, del que se olvidó de tanto oírse como “Tinajilla”.

Partiremos de este momento para comenzar a inventar el futuro de nuestros protagonistas. Los chicos crecieron bajo una dura educación, llena de amenazas, violencia e injusticias por parte de don Ramón, pues en el relato solo se nos narraba la punta del iceberg de este irascible hombre. No obstante, y por consecuencia del tiempo convulso en el que está narrado el relato nuestros protagonistas abandonaron la escuela, cuando apenas algunos de ellos habían comenzado a leer y escribir. Pronto tuvieron que ponerse a trabajar para ayudar a sus familias, en las que solo trabajaba la figura del hombre y con un sueldo ridículo. El caso de Tinajilla y Sabañón era aún peor. Su madre fue abandonada por su marido cuando estaba embarazada de Sabañón, por lo que la ayuda económica de los chicos en la casa era más que necesaria. El mayor de ellos tuvo que abandonar la escuela con tan solo trece años para empezar a trabajar en el campo, por lo que ya no podía defender a su hermano pequeño, Tinajilla, de las crueles burlas de los niños recordándole su infancia en una tinaja.
Aún así, Tinaja pronto manifestó una gran inteligencia y perspicacia, que no tenían el resto de sus amigos y tampoco Sabañón. Éste, siendo consciente de la brillante mente de su hermano, le prometió que haría lo que estuviera en su mano para que no hiciera falta en casa otra ayuda económica aparte de la suya. Así fue, Sabañón trabajaba más horas, cada día llegaba más tarde y cansado del campo, solo por Tinajilla, para que siguiera estudiando, para que siguiera en la escuela. Conforme pasaron los años, el pequeño de los hermanos no decepcionó a la familia y con lo que éstos habían ahorrado decidieron que lo mejor sería que continuara los estudios en la universidad. Tinaja, aquel del que todos se reían, era el único muchacho de todo el bloque, incluso de todo el barrio que podía permitirse económica e intelectualmente ir a la universidad. Desde aquel momento fue admirado por todos, ansiosos por saber qué ocurría entre aquellas paredes, a los que solo llegaban unos pocos afortunados. Tinaja jamás olvidó los humildes orígenes de su familia, y se prometió a sí mismo, que le devolvería a su madre y a su hermano todo el esfuerzo económico que habían hecho apostando y creyendo en él.
Finalmente Tinajilla acabó la carrera de Humanidades y optó a una plaza en uno de los colegios de barrio. Acordándose siempre de la figura cruel de don Ramón, trataba a sus alumnos con todo el respeto y cariño que le estaba permitido. La mitad de su suelto estaba destinado íntegramente a su madre, que ya vivía sola, y a su hermano, que para entonces estaba felizmente casado y tenía dos preciosos hijos. Tinajilla se sentía afortunado por la vida que había conseguido tener, pero era consciente que toda ella se la debía a su hermano Sabañón, que desde aquel día en la “jaula” le había defendido y así siguió haciéndolo incluso al no estar a su lado.

«El pozo y el péndulo» de Edgar Allan Poe

No hay duda de que el terror psicológico caracteriza muchos de los relatos de este importante escritor estadounidense, pero el escalofriante texto que a continuación comentaremos, está lleno de descripciones minuciosas que además de miedo, crearán en el lector una sensación de angustia que permanecerá latente hasta el final. Se trata de “El pozo y el péndulo”.

Captura de pantalla 2016-03-26 a las 11.38.22Este espantoso relato nos narra la experiencia de un encarcelado condenado por la Inquisición. Escrito en primera persona, llama la atención las descripciones desde su comienzo, que nada bueno auguran: “sentía náuseas, náuseas de muerte después de tan larga agonía; y, cuando por fin me desataron y me permitieron sentarme, comprendí que mis sentidos me abandonaban” . El protagonista nos sumerge en una atmósfera asfixiante, consiguiendo que el lector empatice con él nada más empezar la la lectura.

El encarcelado será sometido a numerosas pruebas que intentarán acabar con su vida,   pero poco a poco conseguirá ir superándolas. Mientras tanto, nos describe el lugar y las desagradables e insalubres condiciones en las que se encuentra, en una celda que el protagonista no cesa en intentar estudiar, palpar y medir, equivocándose debido a su fatiga y las tinieblas del espacio. Este es el motivo por el que desmaya en varias ocasiones, al despertarse tras una de ella, se da cuenta de que se encuentra en el abismo de un pozo aparentemente profundo. Se siente afortunado de no haber caído en él, pero pronto cae en la cuenta de que es una de las múltiples trampas que le llevarán a su muerte. Aún así, los inquisidores quieren mantenerle con vida, proporcionándole pan y agua, para lo que él cree que será una muerte acompañada de sufrimientos morales atroces. No obstante, al despertar de otro de sus sueños sintió que estaba en una especie de bastidor de madera, que casi le impedía llegar a un plato de carne sumamente condimentada, intentando así provocar su sed imposible de saciar, pues el canto de agua había desaparecido.

Fue entonces cuando se percató de que había una extraña figura en el techo, se trataba de un péndulo. Pasada una hora, observó que éste había aumentado su velocidad y aparentemente estaba mucho más cerca de él, había descendido, anticipando su inminente muerte, lenta y dolorosa. Con un rayo de lucidez cae en la cuenta de que para ser liberado solo necesita cortar sus ligaduras que no estaban constituidas por cuerdas separadas. De modo que deposita los restos de carne que quedaban en el plato en sus ataduras, para que las ratas que salían del pozo pudieran roer la cuerda, al mismo tiempo que devoraban la carne.

Su plan da resultado y consigue escapar, aunque asume que le esperaba martirios peores que la misma muerte, pues había burlado dos veces los modos de tortura de la Inquisición. Las paredes de la cueva empiezan a estrecharse cada vez más y el preso siente que va a morir aplastado y abrasado por los muros de la celda, llenos de metal ardiente que se aproximan con gran rapidez. Desesperado, solo se le ocurre lanzarse al vacío del pozo. Sin embargo, justo antes de saltar, una mano agarra su brazo y consigue salvarle. Era la del general Lasalle, su salvación, los enemigos de la Inquisición se han hecho con el poder. Consigue, al fin, sobrevivir a esta institución.

Sin duda, el aspecto que más caracteriza a la obra es el dolor psicológico que siente el protagonista. Él sabe que va a morir, de hecho, en más de una ocasión recuerda los rumores que corren en su país sobre la Inquisición y es cuestión de minutos que su vida llegue a su fin de una forma horrible y dolorosa. Es ese sentimiento de angustia y desesperación el que inunda todo el relato y está presente en el protagonista hasta su inesperada salvación. Esta forma de crear terror y asustar tan característica de este autor es conocido como terror psicológico, ya que se basa en los sentimientos y los miedos internos del protagonista.

El autor nos relata absolutamente todas las torturas a la que es sometido, incluido el espacio, remitiendo a la desesperación del prisionero por no saber cuántas horas o días lleva encerrado y nos expresa con detalle su estado de ánimo en cada momento. Al mismo tiempo, este detalle se combina con un dominio del lenguaje digno de admirar, que da lugar a una especie de conexión con los pensamientos del preso, desde el principio en primera persona.

“Por primera vez en muchas horas -quizá días- me puse a pensar.”

“Pasaron días -puede ser que hayan pasado muchos días- antes de que oscilara tan cerca de mí que parecía abanicarme con su acre aliento.”

Poe nos presenta a un personaje desorientado, angustiado y abandonado que espera con temor la hora de su muerte. El personaje sufre una gran debilidad emocional, pero también física; apenas come, se desmaya y cae en un profundo sueño en numerosas ocasiones. Solo tiene un resquicio de esperanza casi al final del relato, cuando cae en la cuenta de que puede ser liberado de las mordazas fácilmente, aunque con un desagradable método en el que Poe no se deja detalle. El mismo protagonista se sorprende al tener un ápice de esperanza en la situación que está viviendo y llega hasta a ironizarla. Más que miedo a la muerte, lo que sufre es miedo a las técnicas que serán empleadas contra él.

“Era la esperanza la que hacía estremecer mis nervios y contraer mi cuerpo. Era la esperanza, esa esperanza que triunfa aún en el potro del suplicio, que susurra al oído de los condenados a muerte hasta en los calabozos de la Inquisición.”

Quizá el hecho de que produzca ese terror y angustia en el lector, es que todo lo presentado en este relato es real, no inventado, y todas estas torturas y muchas más fueron llevadas a cabo por esta cruel institución. El terror de este texto no se basa en fantasmas o demonios, sino en algo verídico que ocurrió durante siglos. Todo lo que ocurre en la obra ocurrió y podría ocurrir en la realidad. Realmente, el protagonista tiene temor a una cosa: a las personas, a los miembros de la Santa Inquisición, no a nada irreal.

“Pero al mismo tiempo pude ver… ¡aunque con qué terrible exageración! Vi los labios de los jueces togados de negro. Me parecieron blancos… más blancos que la hoja sobre la cual trazo estas palabras, y finos hasta lo grotesco; finos por la intensidad de su expresión de firmeza, de inmutable resolución, de absoluto desprecio hacia la tortura humana. Vi que los decretos de lo que para mí era el destino brotaban todavía de aquellos labios.”

En conclusión, no cabe duda que nos encontramos ante una de las obras maestras de este autor en cuanto a terror psicológico, suspense, angustia y desesperación, todas estas sensaciones acompañadas de un lenguaje y descripciones exquisitas, propias del que es reconocido como uno de los mejores maestros del relato corto. Poe nos demuestra que siempre debemos tener esperanza, y a veces la suerte nos sonríe, y entre tanto sufrimiento podemos encontrar la salvación y, lo más importante, por mano de otro ser humano.

Para leer el relato haz click aquí.

«Cuentos para entender el mundo» de Eloy Moreno

¡Hola! Hoy os traigo algo diferente que me ha llamado mucho la atención, el libro Cuentos para entender el mundo de Eloy Moreno. Es uno de mis escritores favoritos, le descubrí cuando apenas era conocido con su obra El bolígrafo de gel verde y ha terminado de conquistarme con la última, El regalo, que os recomiendo a todos.

Comienza esta pequeña obra tan peculiar de la siguiente manera:

“Confieso que siempre me han aburrido los típicos cuentos de cenicienta, caperucita roja o los tres cerditos. Quizá porque siempre he pensado que eran demasiado irreales, que no hay princesas tan buenas, cerdos tan ingenuos o lobos tan malos. En cambio, me he emocionado cada vez que alguien era capaz de, en cuatro frases, conseguir que me replanteara el mundo.”

Y eso es lo que consigue Eloy en 38 pequeños relatos, geniales para inculcar valores a los más pequeños y hacer reflexionar a los mayores. De hecho, después de esta pequeña introducción nos encontramos con un curioso manual de instrucciones:

UNO:

Lee un cuento al día, justo antes de acostarte. Así tu mente tendrá toda la noche para pensar en él y todo el día para intentar comprenderlo.

DOS:

Léetelos a ti mismo/a. Léeselos a otros.

TRES:

Vívelos, siéntelos, imagínalos, compréndelos, transmítelos.

CUATRO:

y cuando hayas comprendido el mundo, intenta mejorarlo.

Es inevitable pensar en los niños cada vez que hablamos de cuentos, pues creemos que no pueden enseñar ya nada a los adultos, bien por ser irreales o fantásticos o bien porque pensamos que no nos pueden hacer reflexionar o ver situaciones de un modo diferente. Eloy consigue con un argumento sencillo, de apenas dos o tres páginas y un estilo simple y sin artificios retóricos emocionar a cualquier lector independientemente de su edad. Los cuentecitos sin tremendamente realistas, de hecho, el autor reconoce que se ha basado e inspirado en noticias de la actualidad al redactar muchos de ellos. Os dejo aquí uno de mis preferidos:

El niño que pudo hacerlo

Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua. La corriente interna lo desplazó unos metros por delante de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.

Su amigo comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas. Golpeó, golpeó y golpeó hasta que consiguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.

A los pocos minutos, avisados por los vecinos que habían oído gritos de socorro, llegaron los bomberos. Cuando les contaron lo ocurrido, no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.

-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente, ¿cómo ha podido conseguirlo?- comentaban entre ellos.

Un anciano que estaba por los alrededores, al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos.

-Yo sí sé cómo lo hizo- dijo.

-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.
-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.

Eloy Moreno.


Con esta frase termina el autor un relato breve y sencillo pero que tiene un valioso significado. En cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana, recurrimos a la opinión de otras personas para tomar una decisión, que puede ser importante, pero también lo hacemos con cuestiones de menos relevancia. Existe una gran dependencia hacia lo que la sociedad pensará de nosotros, y no es más que el resultado del miedo a no encajar en ella. No obstante, ¿hasta qué punto la opinión de los demás nos condiciona? ¿Nos beneficia o nos perjudica? La opinión de la sociedad nos condiciona demasiado, hasta tal punto que puede hacer que nos rindamos ante nuestros objetivos complicados o poco probables. El mensaje que intenta transmitirnos el texto, es este mismo. Solo uno mismo es consciente de lo que es capaz de implicarse y esforzarse por un objetivo, y puede conseguirlo. La constancia y las ganas, son puntos indispensables para conseguir el éxito en cualquier ámbito. También es importante la opinión de los demás, pero ha de ser simplemente eso, una mera opinión, que no condicione nuestro modo de comportarnos. Relacionarnos con los demás, expresar nuestras preocupaciones es algo afín al ser humano, pero intentar agradar a los demás no debe convertirse en fuente de infelicidad para uno mismo.

 

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Para saber más sobre el autor…

Pequeño cuento en «La Gaviota»

¡Buenas, queridos lectores!

El otro día, mientras leía una de las novelas más famosas de nuestra literatura, La gaviota, de Fernán Caballero, me encontré en plena trama un cuentecito muy breve que una de las protagonistas, la abuela, le contaba a sus nietos con una moraleja clara.

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Fernán Caballero (1796-1877)

Pensé que sería interesante plasmar lo que me había parecido en el blog, dado que hasta hace muy poco hemos estado debatiendo en clase de Cuento español los posibles papeles que pueden tener los animales en los cuentos, y éste, en concreto, cuenta la historia de un pollito muy particular.

Dado que es demasiado extenso como para copiarlo en este post, os contaré brevemente el argumento, para después pasar a lo que a mí me parece la lección que la protagonista quería transmitir a los niños que estaban escuchándola.

Medio-pollito es el nombre con el que es conocido nuestro protagonista. Nació deforme y con algunas discapacidades, pero aún así, era el pollito más querido de sus hermanos. No tenía más que un ojo, una pata, y un ala, pero aún así, tenía un carácter firme y era considerado el pollito más valiente de todos los corrales. No obstante, no faltaban las burlas a las que el animal se enfrentaba cada día, pero él, poco caso hacía de ellas.

Un día, decidió decirle a su madre que el campo se le había quedado pequeño, que aspiraba a algo más, quería ver al rey y a la reina, por lo que tenía que volar hacia la corte. La gallina se echó a temblar al oír las palabras de su polluelo, pues sabía la dificultad que suponía llegar hasta aquel lugar y aún más teniendo únicamente un ala para volar. Medio-pollito se justificaba explicando a su madre que sus hermanos y primos son unos ignorantes por no haber salido nunca del corral y culpa a ésta de haber nacido con una minusvalía. Por otra parte, al patriarca, poco le importó la partida del pequeño de sus pollitos, en vista de su carácter difícil y díscolo.

Así, Medio-pollito emprendió su vuelo, aunque pronto sintió sed, y decidió parar a las orillas de un arroyo casi seco. Éste le pidió a nuestro protagonista que apartara unas pequeñas ramas que obstaculizaban su cauce e incomodaban su senda. El pollito se negó, alegando que no era criado de arroyos pobres y sucios. El arroyo le respondió muy enfadado que ya se acordaría de esa situación cuando menos lo pensara.

Un poco más lejos, nuestro protagonista se encontró al viento que estaba tan tendido y exánime en el suelo que le pidió que le levantase dos dedos del suelo con el pico, para después abanicarle con su ala y así tomar vuelo y dirigirse hacia donde estaban sus hermanas las tormentas. Medio-pollito le respondió vengativo que eran incontables las veces que se había burlado de él dificultándole el vuelo y yendo en su contra. Se fue sin prestarle su ayuda y tras llamarle farsante. En medio de un campo segado, al que habían prendido fuego los labradores, Medio-pollito se encontró con una chispa diminuta que le pidió que le trajera unas pajitas para reanimar. Éste se negó, y aunque la pequeña chispa le insistió en que podía necesitarla algún día, el pollito la cubrió de cenizas y acabó con ella.

Por fin, Medio-pollito llegó a la capital y se acercó al palacio, donde quiso entrar para ver a sus majestades los reyes, pero acabó en un lugar que reconoció como la cocina. En lugar de huir, entró muy erguido de cresta y cola, pues así era su carácter, pero uno de los pinches de cocina le capturó en seguida y no dudó en torcerle el pescuezo en un santiamén.

Cuando Medio-pollito escuchó al cocinero pedir agua para desplumarle, nuestro protagonista le pidió el favor de no escaldarle, a lo que ésta respondió que él no tuvo piedad cuando ella le pidió auxilio, por lo que hirvió de cólera, así quedó el pollito sin una sola pluma. El cocinero entonces, agarró a Medio-pollito y le puso en el asador. Le pidió al fuego que apagase sus llamas y le suplicó que no le quemara. El fuego, aún dolido, le recordó que le había ahogado, por lo que nunca le prestaría su ayuda. Le doró y le abrasó hasta ponerle como un carbón. Cuando el cocinero vio el estado, le agarró por la pata y le tiró por la ventana, por lo que el protagonista pidió al viento que tuviera compasión y que le dejara tranquilo en un montón de estiércol. El viento se negó y rugió en un torbellino haciéndole girar sin cesar, finalmente depositó a Medio-pollito en lo alto de un campanario y San Pedro extendió la mano y lo clavó allí firme. Desde entonces ocupa aquel puesto, y ya no se llama Medio-Pollito, sino veleta.

Hasta aquí, llega el relato que la abuela cuenta a sus niños, que acaban llorando tras escuchar el final. La mayor de los protagonistas les consuela explicando que el pollito solo recibió su merecido. En esa conclusión estoy también de acuerdo, aunque es fácil pensar que nuestro protagonista, aunque tuvo siempre muy mal carácter, debido a su minusvalía y discapacidad mostraría su empatía cuando otro ser le pidiese ayuda por necesitar algo, bien que le quitase las hojas en el caso del arroyo, bien por necesitar pajas en el caso de la pequeña llama o un pequeño empujón en el caso del viento. En mi opinión, estos tres elementos representan justamente lo le faltaba al pollito: un ojo, un ala, y una pata, motivo por lo que durante años ha recibido burlas y ofensas. Aún así, a pesar de saber por experiencia propia lo que se siente al no poder ser como el resto, y necesitar lo que los demás tienen, no se muestra amable e interesado en estos tres protagonistas hasta que él no los necesita, lo que muchas veces suele ser comportamiento habitual en los humanos.

Aunque conforme avanza el cuento el autor deja clara pistas del desenlace, he de admitir que pensé que en algún momento del relato, el carácter de Medio-pollito se sosegaría, se pondría en el lugar de los personajes que le piden ayuda, pero no solo no es así, sino que llega a despreciarles y a burlarse de ellos por sus carencias, justo lo que él llevaba escuchando desde su nacimiento. A veces creemos que el hecho de que una persona haya vivido experiencias similares a las nuestras va a hacer que nos comprenda mejor y se ofrezca a ayudarnos, sin embargo, esa piedad y compasión dependen en gran medida del carácter y forma de ser de cada uno, como es el caso de nuestro protagonista.

¿Qué papel tienen los animales en los cuentos?

Desde los cuentos más antiguos, la presencia de los animales ha sido recurrente. Las aventuras de estos personajes han sido en numerosas ocasiones un fiel reflejo de la de los humanos. Los animales a partir del siglo XIX pierden protagonismo, sin embargo, éstos se siguen conservando como elementos simbólicos sobre los que se proyectan valores, ideas y críticas, que están implícitas en el texto y que los animales simbolizan. Puede llegar a afirmarse que la clave para llegar a comprender el sentido auténtico de los relatos, está en comprender el papel de estos singulares personajes.

A continuación vamos a comentar el relato de Leopoldo Alas “Clarín”, «¡Adiós, Cordera!»

El autor nos sitúa en el prado Somonte, en Asturias. Como protagonistas encontramos a dos hermanos gemelos llamados Pinín y Rosa y un último muy peculiar, la vaca Cordera. El primero es un personaje valiente, mientras que Rosa es sentimental, soñadora, a la que le gusta crear e imaginarse historias. Ambos han cuidado y establecido un intenso vínculo a lo largo de los años con la Cordera, una vaca madura, tranquila, representada con un carácter reflexivo, de hecho es comparada con Horacio, a la que solo le interesa cuidar de sus hijos y vivir en un buen ambiente. Este estilo de vida tan sosegado se ve afectado por la llegada del ferrocarril.

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Monumento al relato en Oviedo, ciudad donde nació el autor.

Debemos destacar  el valor simbólico que adquieren, en el prado Somonte, el ferrocarril y el telégrafo. Se trata de los dos únicos elementos representativos, para los niños, y sorprendentemente también para la vaca, del mundo urbano y del progreso técnico, que contrastaba con su modo de vida rural y de campo. De hecho en el relato el telégrafo es presentado como el ancho mundo desconocido, misterioso, temible, eternamente ignorado. En un primer momento son admirados y contemplados con inocencia, pero no para todos los personajes, pues la vaca se abstenía de toda comunicación con el mundo civilizado, y miraba de lejos el palo del telégrafo como lo que era para ella efectivamente,  cosa muerta, inútil, que no le servía siquiera para rascarse.

Cuando termina la introducción del relato, de los tres personajes, de sus atributos y de la relación que los une, ya tenemos presentado perfectamente una situación amorosa que posteriormente se romperá. A partir de aquí empieza la trama del relato.

Ocurre entonces la muerte de la madre de los niños, que sucede mirando a la vaca, y les dice que a éstos que la cuiden, pues es su sustento. El padre de los muchachos, Antón de Chinta, debe vender el animal y enviarlo al matadero. Decide hacerlo cuando los niños estén dormidos para que éstos no sufran, pues era consciente del amor que le tenían. Más tarde, también Pinín es alejado de su familia para irse, junto con otros reclutas, a la guerra carlista. Los niños, desde entonces, miraban con rencor los trenes que pasaban, pues vieron como en uno de ellos se llevaban a Cordera al mundo de la civilización. De hecho, hay un momento en que se ve la crítica a los señores de la ciudad por Pinín. Hay un conflicto de clases sociales de corte y aldea. Podemos establecer paralelismos textuales entre la despedida de de Pinín y Cordera:

“Al día siguiente, muy temprano, a la hora de siempre, Pinín y Rosa fueron al prao Somonte. Aquella soledad no lo había sido nunca para ellos hasta aquel día. El Somonte sin la Cordera parecía el desierto. De repente silbó la máquina, apareció el humo, luego el tren.”

“Y una tarde triste de octubre, Rosa, en el prao Somonte sola, esperaba el paso del tren correo de Gijón, que le llevaba a sus únicos amores, su hermano. Silbó a lo lejos la máquina, apareció el tren en la trinchera, pasó como un relámpago.”


-¡Adiós, Cordera! -gritaba Rosa deshecha en llanto-. ¡Adiós, Cordera de mío alma!

-¡Adiós, Pinínl ¡Pinín de mío alma!…


“Y Rosa y Pinín miraban con rencor la vía, el telégrafo, los símbolos de aquel mundo enemigo, que les arrebataba, que les devoraba a su compañera de tantas soledades, de tantas ternuras silenciosas, para sus apetitos, para convertirla en manjares de ricos glotones…”

“Con qué odio miraba Rosa la vía manchada de carbones apagados; con qué ira los alambres del telégrafo.”

Tras esto, comienza la conclusión. Los niños han crecido, Pinín se hizo mozo, y en un momento dado, estos mozos son comparados con los animales que son obligados a ir al mundo urbano, al de la ciudad. Ambos sirven como abastecimiento humano y animal para los ricos. De hecho, el personaje femenino, Rosa, reflexiona y compara a su hermano con la vaca. La vaca representa la figura materna que representa la seguridad en el hogar. La cordera también cumple un antítesis en el relato.

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Texto “¡Adiós Cordera!”

¿Qué es un cuento?

“El cuento mismo, una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia.”  

Julio Cortázar, Algunos aspectos del cuento, 1970.

El cuento es un precioso género literario que sirve para expresar un tipo especial de emoción de signo muy semejante a la poética,pero que no siendo apropiada para ser expuesta poéticamente,encarna en una forma narrativa, próxima a la novela,pero diferente de ella en la técnica y en la intención. Se trata pues, de un género intermedio entre la poesía y la novela, apresador del matiz semipoético, seminovelesco,que solo es expresado en las dimensiones del cuento.

Mariano Baquero Goyanes, El cuento español del siglo XIX, pp.153

“Es el relato de una historia bastante interesante y suficientemente breve para que absorba toda nuestra atención. En el cuento se debe manifestar una fuerte tensión a modo de corriente eléctrica, y por eso es necesaria su brevedad o corta extensión. Esto posibilita la “concentración”. Esto es: despojamiento de ingredientes ornamentales y disquisitivos.”

Horacio Silvestre Quiroga, Ante el tribunal, 1930.